Ángel Luis Pastor
En la reseña de la última entrega de las aventuras de la inspectora Elena Blanco, El Clan, expresé mi queja contra el anuncio de “la autora” de que ese sería el último título de la saga. Pues bien, aunque no pierdo la esperanza de que lo reconsideren, al menos estamos de enhorabuena por el lanzamiento de esta nueva historia de nuestro escritor de seis manos. Lo primero porque, como veremos ahora (y como van a comprobar ustedes mismos cuando lean el libro), el sello Carmen Mola ya se ha ganado la presunción de calidad, Y, además (aunque esto sólo sea un farol por mi parte), porque sospecho -y deseo- que algunos de los personajes y de las tramas de este relato van a dar sobradamente para tirar del hilo. Al tiempo.
Empezando por los personajes, podríamos decir que, aunque el relato está planteado desde la mirada de la fiscal Laura Pastor, el reparto coral es tan amplio y de tanto calibre que casi podríamos considerarla una novela de protagonista colectivo, muchos de los cuales no le van a la zaga a la protagonista. Su padre, el abogado-empresario-mafioso Alberto Pastor y el resto de la familia Pastor, una tribu que no tiene desperdicio, con el capo y la madre, Marimar, a la cabeza (y la hermana Nata -un personajazo-)-; el boxeador y luchador fracasado Aras Babayan; los huérfanos que dan título al libro, tres diabólicos irlandeses recientemente instalados en una lujosa y corrupta Marbella, plagada de delincuentes de todas las nacionalidades en la que, hasta su llegada, no se movía un euro ilegal sin el conocimiento y el permiso de la Hermana Mei, una anciana de una tríada china, invisible pero omnipresente, siempre acompañada de su fiel y temible Quiang; o los sicarios rusos “Gorbachov” y “Putin”. Inmersos todos en la más variada serie de delitos: narcotráfico, juego ilegal, apuestas amañadas, blanqueo de dinero o violencia sicaria. Aunque no sólo ellos, porque los tentáculos de la corrupción llegan también a las comisarias, a los juzgados y a otras muchas instancias legales.
Con la habitual estructura de varios escenarios (Dublín, Hong Kong, Madrid, la propia Marbella) y flashbacks que amplían o aclaran pasajes de capítulos anteriores, la narración fluye imparable, en constante tensión, mediante una mezcla perfecta de generosas dosis de acción (y de no poca violencia…) y de muy buenos perfiles de los personajes. El resultado es una historia que, más allá de la apasionante trama criminal, plantea asuntos humanos de eterna consideración: las relaciones familiares, el amor, la lealtad, el poder, la ambición, el miedo, el peso del pasado o las contradicciones de las que todos estamos hechos. De modo que, muy a menudo, los protagonistas se verán en el dilema de elegir entre lo correcto y lo posible, entre lo que apetece y lo que conviene. Todo en medio de una intrincada trama con varias ramificaciones, plena de personajes al límite y de escenas (por decirlo de manera suave) de alta tensión. Y el inesperado giro de guion en las últimas páginas. En fin, todos esos ingredientes que ya hemos disfrutado los lectores de la inolvidable saga de la Novia Gitana.
Pero, por respetar la jerarquía, nos centraremos en los contendientes principales: la fiscal vs. Los Huérfanos. Laura Pastor es una mujer sumamente compleja, entre su brillante ejecutoria profesional y sus múltiples demonios personales, por su inestable salud psicofísica y sus profundas heridas familiares que, en buena medida, condicionarán su actitud y sus decisiones en el caso que le ocupa: el de la causa judicial contra uno de “Los Huérfanos”, acusado de un brutal asesinato. Por lo que respecta a él, Trevor Strummer es, como sus dos “hermanos”, Liam Burke y Chris Griffin, un superviviente del sórdido orfanato dublinés en el que pasaron su infancia y del que lograron escapar, ya unidos de por vida por las terribles experiencias allí vividas. Y que comienzan su espiral delictiva hasta aterrizar en Marbella, dispuestos a todo por hacerse con los mandos de esa ciudad en la que conviven algunos marbellíes, vestigios de otro tiempo en un pueblo más de la Costa del Sol, con los más peligrosos delincuentes venidos de cualquier rincón del planeta. Dos mundos que coexisten pero no se tocan, habitualmente de espaldas el uno al otro pero que, para sorpresa y desgracia de Laura, tienen algunas conexiones que no esperaba. En ese antiguamente apacible pueblo costero del que, como dice Leo (el socio de los primeros tiempos de abogado de Alberto Pastor), “solo se habla de Puerto Banús, de los coches de lujo, pero ¿en qué se ha convertido esta ciudad? Es el patio de recreo de la mafia.”
Como curiosidad, hay un pequeño error en el relato: en la pelea de mujeres en el Marbella Arena se dice que “no llevan guantes ni casco” y, pocas líneas después, “los micrófonos disimulados en torno al ring amplifican los impactos de los guantes y los quejidos”. Bueno, como dice el refrán: el mejor escribano echa un borrón. Pero tengan la seguridad de que están ante una gran novela que les deparará unas cuantas horas de placentera lectura. Que la disfruten.
P.S.- Sí, el ratón de la portada tiene su papel en la historia. Y no, no soy familia de “la familia”…
Los huérfanos
Planeta
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