“Una novela de barrio”, de Francisco González Ledesma, por Alexis Ravelo

Alexis Ravelo

Personalmente, ando algo cansado de detectives y policías de orden, templados de carácter, moderados en el comer, el beber y el dormir, honrados defensores de la ley que no dicen tacos y respetan los procedimientos porque saben trabajar en equipo. Por eso supone un gustazo escribir algo sobre Una novela de barrio, de Francisco González Ledesma, un texto adictivo capaz de hacerte reír, emocionarte y morderte las uñas en la misma página, salpicado con nostalgias de patio de vecinos, teorías sociológicas de puticlub y furibundos ataques a las leyes anti-tabaco: un soplo de aire fresco entre toda esa novela negra políticamente correcta que parece acaparar el panorama en los últimos años.

Ya el arranque es un plato fuerte: alguien le da un tiro en la cabeza a un antiguo atracador. Seguramente, el asesino es el padre del niño de tres años que murió en el asalto a un banco en el que aquel estuvo implicado. Y el siguiente aspirante a fiambre es su cómplice, el autor material de la muerte del niño. Pero este segundo atracador es ahora un tipo poderoso y bien relacionado, capaz de costearse todos los matones a sueldo necesarios para impedir que se complete la venganza. Entre un presunto asesino con sed de justicia y un criminal repugnante que a su vez puede llegar a ser una víctima potencial, Méndez intentará que no llegue a correr la sangre, o que, si lo hace, esa sangre sea la de los desalmados y no la de los inocentes.

Ese es el planteamiento de este retorno de Méndez, el entrañable antihéroe que Francisco González Ledesma utilizó para hacer una crónica sentimental en rojo de los inicios de la Transición y que ahora, con vivienda propia, pero los bolsillos igualmente llenos de libros que se alternan con ganzúas y armas no reglamentarias, continúa recorriendo los bajos fondos de Barcelona, examinando con curiosidad las conductas de los seres humanos e intentando llegar a tiempo de hacer justicia a golpes de Colt Python.

Rapidez, ingenio, eficiencia narrativa, imaginativo uso de los diálogos, minuciosa arquitectura de personajes: marcas de fábrica de González Ledesma, quien también fue Silver Kane y sabe cómo aferrar por el cuello de la camisa al lector y conducirlo, casi en volandas, hasta la última página, a lo largo de una trama vertiginosa llena de giros y sorpresas, aunque con una sólida arquitectura que no improvisa ni deja cabos sueltos.

No obstante, la escritura de González Ledesma no es puro artificio y entretenimiento; hay en ella (y probablemente sea eso lo importante) una cruda mirada a las realidades sociales e individuales, a las miserias humanas y a los monstruos de toda democracia; también al abismo insoslayable entre los códigos legales y la justicia, ese precipicio al que los más débiles son arrojados como sacrificio oficiado por los sumos sacerdotes del capitalismo, porque no cuentan con un buen fajo de billetes que les amortigüe el aterrizaje. Y hay, finalmente, una mirada compasiva, una empatía primordial hacia los excluidos del discurso, la turbia solidaridad entre los perdedores como un rayo de esperanza en medio de la realidad más gris.

Así que sí, un baño de sangre recorre las páginas de Una novela de barrio, pero también hay en ella hombres que socorren a chicos de la calle, antiguas prostitutas que se ayudan mutuamente en la pobreza y la enfermedad, viejos policías que están dispuestos a sacrificar su trabajo, su pensión y su pellejo solo para que por una vez los perdedores no lo sean tanto. 

Una novela de barrio
Francisco González Ledesma
RBA

2 comentarios en ““Una novela de barrio”, de Francisco González Ledesma, por Alexis Ravelo

  1. Muy buena reseña. Nada que añadir. Por lo tanto, a leer toca.. Se puede vivir sin haber leído Una novela de barrio, pero se siente uno mejor después de haberla leído.
    Por lo tanto toca leerla por placer, pero también por salu mental.

  2. Pingback: Para invocar a los espíritus « Ceremonias

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