“Sangran las piedras”, de Frances Fyfield, por Sergio Torrijos Martínez

Sergio Torrijos Martínez

“¿Se puede secuestrar a una persona sin secuestrarla, por decirlo así? ¿Ha conocido su señoría algún caso en que el secuestro fuera producto únicamente de la ingenuidad de la víctima, más que del engaño, y en el que no se hiciera uso de la fuerza porque la víctima se hubiera ofrecido voluntariamente?¿Aunque lo hubiera hecho seducida por promesas y esperanzas que sólo ahora se califican de mentiras?¿Se puede secuestrar a una persona sin recurrir a la fuerza, sólo mediante la seducción? El secuestro, señoría, implica, sin duda, el sometimiento activo de la voluntad, que no se dio en este caso. Del mismo modo que no puede considerarse constitutivo de delito infligir lesiones corporales graves cuando es únicamente la víctima quien las perpetra. A mi cliente le han tendido una trampa los hechos, señoría.” Pag. 256.

Con estos hechos se puede organizar una buena novela, se puede apuntar a muy diferentes sitios, se puede dirigir la narración a lugares desconocidos o se puede, simplemente, crear una buena trama psicológica.

Toda novela, diría más, todo acto creativo se basa en la renuncia, pues para contar algo de una manera se tiene que renunciar a otras cosas, es imposible abarcar una realidad al completo, en su totalidad. La autora inglesa ha sido esclava de ese hecho y aunque se ha alejado de lo que parecía más atractivo y más poderoso también nos ha dejado otras cosas a cambio.

La trama más íntima de esta novela es la culpa en su máxima expresión.

Para ello nos muestra los entresijos del sistema judicial inglés, de la abogacía, de los seres que nutren ese sistema, que como humanos no se sustraen a lo que puede ser la ambición, el egoísmo, el éxito o el fracaso. Y de dichos detalles dependerán los resultados que obtenga dicho sistema judicial, pues como todo sistema imperfecto tiene la tendencia a equivocarse en gran medida.

La novela no es una narración negra o policíaca, tiene elementos de ella pero poco más. Recuerda en muchos momentos las tramas psicológicas de Patricia Higsmith, o de Mary Higgins Clarke, también otras menos famosas como Sue Grafton o Hillary Bonner, algo muy anglosajón que nos aleja de lo que se acostumbra a usar en estos momentos en las narraciones oscuras, por llamarlas de alguna manera.

Se hubiera preferido que el desarrollo interno de la novela se acercara más a esas zonas oscuras del ser humano, aunque por otro lado, el acercamiento a esos temas hubiera propiciado el alejamiento de otros, como la amistad, el amor, el amor paterno o varios aspectos más en los que la novela ahonda.

La apuesta editorial es de calidad, pues apenas se puede poner una pega a la edición o al trabajo editorial y se agradece en estos tiempos tener entre las manos un producto hecho con profesionalismo.

En resumen, una novela interesante -siempre lo son las autoras inglesas con esas tramas- que te atrapa desde la cercanía del comienzo y no te abandona hasta el final. Una lectura fácil, sencilla y con momentos buenos. Por mi parte hubiera deseado mucha más negrura y la novela la hubiera soportado con entereza, si bien el resultado no hubiera sido el mismo.

 
Sangran las piedras
Frances Fyfield
Alba Editorial

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