“Amante muerta no hace daño”, de Miguel Agustí, por Sergio Torrijos Martínez

amante muertaSergio Torrijos Martínez

Entre un grupo de novelas editadas en la década de los 80, pertenecientes a una colección llamada “Cosecha Roja” editada por Ediciones B, en la que autores como Jim Thompson o Ed McBain se daban la mano con Andreu Martín aparecía, como de tapadillo, Miguel Agustí. Un escritor con quien el destino no ha sido complaciente y a fe que no existían motivos para ello.

No es muy conocido, lo cual no es óbice para que no sea un buen escritor y su novela una buena lectura y, al igual que ocurre con otros escritores, sumidos en la niebla de las editoriales pequeñas y las cortas ediciones, sorprende que ninguna editorial haya confiado, plenamente, en su arte.

Martí nos adentra en un mundo sanguinario, cruel, algo zafio y divertido, con tipos que se dedican a lo siguiente:

“Sin embargo, el dormitorio seguía oliendo a ella. Me preparé una aspirina y una copa de coñac. El goce de la noche anterior comenzaba a dolerme. Como siempre, el primer trago me hizo toser y me deprimió todavía más; el segundo ya fue más caritativo y me hice amigo de los restantes.”

Con desayunos de este porte:

“Quien no haya desayunado salchichas tipo Frankfurt con cerveza y coñac, no sabe lo que es empezar el día con buen pie. Al modo yanqui-vietnamita, mientras se ingieren las salchichas con un vomitivo catsup, se van dando tragos alternativos de coñac y cerveza, por separado. La mezcla es tan explosiva que es peligroso fumar cerca.”

O con actividad laboral semejante:

“Otro muerto. A este paso mi futuro estaba en el negocio de las funerarias, con el doble papel de gerente y cadáver. Yo, Andrés Revés, un simple camarero de tugurio, era lo suficientemente importante como para ser asesinado. Todo un ascenso en mi pobre currículum.”

Y con otro tipo de personajes bastante curiosos, sirva como ejemplo:

“Así que Teo, cuando llegó a la edad conveniente, ingresó en la Legión y allí aprendió su verdadera carrera. Su cotización militar y paramilitar subió como la espuma gracias a ciertos trabajos especiales en el norte de África; y Teo se sentía a gusto y feliz. Hasta que, por imperativos de política exterior, trasladaron la Legión a las Islas Canarias. Allí Teo se ahogaba en claustrofobia marítima, inacción y aburrimiento. Plantó el uniforme por la vía más rápida, la deserción, y se instaló en Marsella, donde le habían ofrecido futuro. Durante esa época perdió un ojo y continuó aprendiendo mucho. Luego, licenciado en muertes ajenas, se independizó, regresó y montó su propia agencia de viajes al Más Allá en mi ciudad…”

Le sumamos una prosa elegante y poderosa, una acción trepidante, una enrevesada trama repleta de giros, mujeres bellas que se acuestan tarde, alcohol y algo de humor y tenemos una verdadera maravilla en forma de novela negra. Pero negra de verdad, nada de algodonosas novelas de lugares más fríos, novela negra nacional, donde los muertos se acumulan tras la barra de cualquier garito de mala muerte.

No entiendo como semejante autor ha tenido tan mala fortuna, tan escaso predicamento para el público, cosas de españoles que no nos enteramos de nada. He leído, puedo jurarlo sobre lo que sea, escritores y libros calificados de éxitos rotundos, revoluciones literarias, nuevos mapas de las novelas policíacas, negras, de lo que sea, autores de gran predicamento, autores de género, con miles de seguidores, con ventas que superaban las cinco cifras, de todo, señores, pero muchos de ellos no se acercan ni a la mitad del disfrute que se puede obtener de esta novela. Por eso me lamento profundamente que un escritor como Agustí haya caído en semejante olvido, una lástima. Desearía que lo recuperaran en alguna reedición más moderna porque estos libros son complicados de conseguir. Sería una forma de atraer al público que no haya tenido oportunidad de acercarse a un autor tan poderoso.

 
Amante muerta no hace daño
Miguel Agustí
Ediciones B

3 comentarios en ““Amante muerta no hace daño”, de Miguel Agustí, por Sergio Torrijos Martínez

    • Conseguir el libro es casi imposible, alguna vieja edición de la colección, de otra forma ha desaparecido de cualquier lugar. Aquella colección, dirigida por Taibo II, tiene de todo y casi todo bueno, pero mucho no se ha reeditado, como ocurre con Jim Thompson que publicaron creo que dos novelas suyas de las que no se ha vuelto a sabe nada. Una verdadera lástima.

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