“Sombras de la nada”, de Jon Arretxe, por Ricardo Bosque

Sombras de la nada - Jon ArretxeRicardo Bosque (@ricardo_bosque)

Se acabó la diversión.

Eso es lo que debió decirse Jon Arretxe tras terminar las dos primeras aventuras de Touré –19 cámaras y 612 euros-, natural de Burkina Faso y residente sin papeles en Bilbao que, hasta la fecha, nos había narrado sus míseras andanzas por la pequeña África que constituye el barrio de san Francisco con un toque de humor. Negro, pero humor.

Se acabó la diversión, me digo yo cuando, tras haber disfrutado de aquellos dos primeros casos, un tanto surrealistas -aunque ya se sabe aquello de la realidad y la ficción- leo las primeras páginas de Sombras de la nada y, salvo algunas salpicaduras simpáticas -el propio Touré disfrazado de Geronimo Stilton en la Feria del Libro de Bilbao o los cameos protagonizados por un escritor vasco y otro canario, ambos miembros destacados de la banda de Calibre .38-, compruebo que en esta ocasión Arretxe ha decidido enfrentarnos a la cruda realidad.

Y sin contemplaciones, a mano desnuda, poniendo al lector ante el día a día de quienes han arriesgado sus vidas cruzando desiertos y estrechos, sometiéndose a los abusos -especialmente las mujeres- de mafiosos y agentes de la autoridad para acabar arriesgando sus vidas cada día pero a miles de kilómetros de su lugar de origen, con la angustia añadida, por tanto, de no saber qué será de aquellos seres queridos a los que han dejado atrás en su viaje a ninguna parte.

Para ello, Arretxe se sirve de un personaje del que habíamos oído hablar en las novelas anteriores: Sira, la guapa hija de Touré, afincada en París y, presuntamente, dedicada al cuidado de los niños de otras familias africanas. Aunque, para qué engañarnos, Touré siempre había temido que, en realidad, su hija también se dedicara a lo mismo que la mayoría de las africanas que cada día recorren las calles de ese barrio que tan bien conoce.

Así, Touré recibe una inesperada visita de su hija avisándole de su inminente llegada a Bilbao. Pero Sira no llega y el padre se preocupa. Sin papeles y agobiado por sus dos ertzainas favoritos, a Touré no le queda otra que delegar en Cristina, la farmacéutica exprostituta apodada por el burkinés Sa Kené, que se desplazará a Hendaya para tratar de localizar a la muchacha.

Una mujer, Cristina, investigando en el sur de Francia; dos hombres, Touré y su buen amigo el malí Osmán, haciendo lo propio en la zona más fronteriza del País Vasco. Un desenlace que el lector, visto el tono de la novela, presume desde el principio brutal, dramático. Como dramático es el modo en el que deben sobrevivir las sombras de la nada en que se han convertido esos inmigrantes a los que ignoramos -llegando a volverse transparentes- a poco que dejamos de necesitarlos.

Y si dramático es el desenlace, incierto es el futuro de Touré como inciertas son las expectativas del lector, que se quedará con la duda de si habrá más novelas con el burkinés como protagonista o está asistiendo al fin de la serie.

Dice Paco Gómez Escribano en Culturamas que Jon Arretxe dice que sí, que la vida continúa incluso en el barrio de san Francisco. Así lo espero, no me gustaría ver desaparecer a un personaje al que tanto cariño he tomado.

 
Sombras de la nada
Jon Arretxe
Trad.: Cristina Fernández
Erein
 

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