“El leopardo”, de Jo Nesbo, por Jesús Lens

650_RH28948.jpgJesús Lens Espinosa de los Monteros

Vaya por delante una confesión: el subgénero nórdico de la novela negro-criminal no me apasiona especialmente. Excepción hecha de las descargas de adrenalina que en su momento me provocó la lectura de la trilogía de Larson, no soy muy fan de esos tochos de 800 páginas en los que los personajes invierten dos de ellas en decidirse a abrir una puerta. y, después, otras dos en abrirla.

Sin embargo, todas las referencias que tenía sobre el noruego Jo Nesbo, desde la publicación de El petirrojo, eran buenas. Así que decidí iniciar este 2015, con la lectura de El leopardo, publicado por Penguin Random House en su prestigiosa colección Roja & Negra.

Lo primero que me sorprendió es la cantidad de referencias que la novela hace a otra anterior del autor, El muñeco de nieve. Desde el principio, cuando encontramos a Harry, el protagonista, perdido en Hong Kong; comienzan las referencias a ese caso anterior que tanto le costó resolver y que tan grandes secuelas le dejó. Secuelas físicas, mentales, emocionales, sentimentales y familiares.

Pero no hace falta haber leído la entrega anterior para seguir las peripecias de El leopardo. Porque la novela parte de una situación nueva y, excepción hecha de Harry Hole, con personajes diferentes. Al menos, los principales.

¿Qué cuenta El leopardo?

El descubrimiento, la búsqueda y la caza de un asesino en serie, por supuesto.

No es que yo sea timorato, precisamente, pero si en Escandinavia hubiera tantos y tan prolíficos asesinos en serie como nos cuentan sus novelistas negros y criminales, aquellas tierras tendrían que estar más despobladas que Siberia.

Y como en toda investigación que se basa en un asesino en serie, la pregunta es: ¿por qué? Es decir, ¿qué patrón sigue el asesino a la hora de elegir sus víctimas? Determinar el patrón, desde luego, resultaría más fácil a la policía noruega si sus distintos departamentos colaboraran entre sí en la resolución del caso. Pero eso no es así. ¡Ni en el paraíso de la socialdemocracia!

Porque, y esto es quizá lo más interesante de la novela, la némesis de Hole, además del asesino, es otro policía: Bellman. Un arribista. Un manipulador. Uno de esos lameculos cuyo único interés es atesorar poder. Para usarlo a discreción. Un tipo tan físicamente atractivo como moralmente repulsivo.

Y están los viajes al Congo. Y un instrumento de tortura absolutamente sádico y salvaje. Porque el coltan está en el Congo. Y los beneficios que deja su comercio son lo suficientemente grandes, casi gigantescos, como para que merezca la pena el riesgo de viajar al Corazón de las Tinieblas. Y allí, de tortura y violencia, saben un rato. ¡A fuerza, ahorcan!

Y están las relaciones personales de los investigadores. O su ausencia. Porque las relaciones de los unos con los otros y de los otros con los unos parecen tan gélidas como las temperaturas invernales de las montañas noruegas en la que transcurre, también, parte de la acción.

Y está la policía científica. Con sus cosas. Y sus chismes. Y sus aparatos. Aunque, en El leopardo, los que trabajan de verdad son los forenses. ¡Angelicos! La mano de diseccionar cadáveres que se tienen que pegar. Y es que el universo de los asesinos seriales es lo que tiene. Que da mucho trabajo.

Pero sí que me ha gustado la novela, que conste. Aunque, insisto, no encuentro la necesidad de que tenga casi 700 páginas. Por mí, con 400 habría ido servida. Imagino que, sin embargo, habrá muchos lectores que prefieran esta manera de narrar, más pausada e introspectiva.

En cualquier caso, es interesante enfrentarse a una novela excepcionalmente documentada en la que todo lo que ocurre tiene un porqué. Es decir: aquí no vale la intuición del protagonista (su experiencia sí, pero son cosas distintas) ni hay casualidades de esas que, de tan increíbles, te arruinan una trama.

Hay personajes al límite y una buena descripción de una sociedad que dista mucho de ser el paraíso que acostumbran a vendernos los medios de comunicación. Una sociedad contradictoria y compleja. Como los personajes que transitan por las páginas de “El leopardo”, una novela global sobre el crimen, que no sabe de límites ni fronteras.

El leopardo
Jo Nesbo
Trad.: Carmen Monte Cano y Berntsen Ada Elisabeth
Roja & Negra (Penguin Random House)

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