“True Detective”, por Sergio Torrijos Martínez y G. Pereira

Sergio Torrijos Martínez y G. Pereira

En esta reseña ha sido posible por el apoyo, los consejos y las indicaciones de G. Pereira, más conocida por el gran público como Pereira a secas o simplemente y coloquialmente Pereira.

La lectura de una reseña similar por parte de una compañera de Calibre .38, Teresa Suárez, fue la que provocó un instantáneo interés por la serie televisiva. Es más, creo que quien recuerde la reseña de Teresa comprenderá de lo que hablo y al que la desconozca se la recomiendo, con seguridad ha explicado mejor el alma de la serie de lo que lo pueda hacer yo.

Por lo pronto y para entrar en materia, voy a obviar el argumento porque creo que todo el mundo lo conoce a estas alturas de la película, lo principal se me ha antojado el guión, una obra de Nic Pizzolatto, autor del que hace poco hemos tenido noticia al editarse en nuestro país la novela Galveston por el sello Salamandra en la serie Black. El guión es el elemento más destacado, a mi juicio, y en especial la manera de desarrollar todo el texto narrativo. La forma de resolver el argumento difiere con cualquier otra serie, existe un continuo feedback entre pasado y presente de los dos detectives protagonistas. Los propios personajes son el plato fuerte de la serie, la dualidad de ambos protagonistas que casi roza el antagonismo y nos provoca un continuo conflicto por el desconocimiento de cómo se desarrollará su relación, existiendo una sensación siempre cercana al desastre que ronda sobre las cabezas de ambos. La vida personal de ambos y su carácter, junto con sus diálogos, son la parte mollar de la serie y sin duda lo que la hace más diferente.

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De todas formas lo que más me ha impresionado ha sido la muestra de la América profunda que aparece en la serie. Toda la serie está ambientada en el estado de Loussiana, en un paisaje precioso y feraz, en un ámbito rural, en donde las relaciones personales tienen un carácter complejo y atávico. El reflejo de los habitantes de ese mundo nos muestra a una América totalmente desconocida, zafia y religiosa hasta el pasmo, brutal e independiente, anclada en tradiciones ancestrales y en visiones del mundo que difícilmente encajarían en el siglo XX. No es una errata, me refiero al siglo pasado.

La trama, un asesinato ritual, no tiene mucho de especial, más bien rutinario. En algunos momentos me ha recordado al inicial John Connolly, del que creo que Pizzolatto tiene mucha influencia sobre todo en su manera de ver el mal en estado puro. El desarrollo de la investigación tiende a ser embrollado, complicado, sinuoso, lo cual le da un toque de verosimilitud muy grande, agigantada por el propio carácter de los personajes, que ayudan a que el panorama que contemplemos sea cualquier cosa menos sencillo, por ahí la serie gana muchísimos enteros. También los gana cuando nos muestra un mundo más real, por momentos duro y sin un gramo o atisbo de piedad.

En conjunto y como aparato de ficción merece nuestro agradecimiento, sin duda posee ese aura de las cosas bien hechas. Funciona mejor que bien.

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