“No apagues la luz”, de Bernard Minier, por Teresa Suárez

No apagues la luz_135X220Teresa Suárez

Vacaciones navideñas, tiempo libre para descansar y leer: café amargo, roscón de Reyes, mi dulce favorito, y esta novela… ¡No sabría decir cuál de los tres me ha enganchado más!

Que la violencia ejercida sobre las mujeres, con los diferentes rostros que adopta, sea el tema central de N´éteins pas la lumière despertó automáticamente mi interés por ella.

Antes de abrir el libro, observo la figura femenina vestida con una gabardina roja, única nota de color en un fondo en blanco y negro, que corre hacia unas empinadas escaleras que parecen conducir al vacio. ¡Sugerente portada!

A continuación me detengo unos segundos a contemplar la fotografía de Bernard Minier a quien, he de confesar, no conocía: barba de varios días, labios marcados, sonrisa de medio lado, ojos penetrantes que parecen retarme y ese aire a lo Ed Harris que hacen de él un tipo atractivo. ¡Mi interés aumenta!

Mientras la orquesta, dirigida por Herbert von Karajan, desgrana las tranquilizadoras notas de la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler, paraíso profanado del Comandante Servaz de la policía de Toulouse, releo uno de los párrafos que he iluminado (“mi padre es un hombre que vive permanentemente macerado en un jugo de nostalgia y de recuerdos, que ahoga su tedio en alcohol y que no hace siquiera el esfuerzo de disimularlo”), práctica habitual cuando una lectura, como es el caso, me resulta interesante.

Escuchando los amados autores clásicos de Martin casi puedo sentir su fragilidad mental (“la depresión lo vuelve a uno incapaz de llevar a cabo la más mínima tarea”) después de que el psicópata Julián Hirtman, en la anterior novela, lo torturara enviándole el corazón de su amada Marianne dentro de una caja de cartón.

Mientras él trata de recuperarse del atroz trauma en una especie de residencia para polis que “después de pasar años frecuentando las orillas de lo inmundo, habían acabado desmoronándose”, Christine Steinmeyer, una locutora de radio, guapa, joven, culta e independiente, avanza, sin sospecharlo, hacia su destrucción por encargo.

Camino al Calvario, con una pesada carga sobre los hombros que nadie les ayuda a sobrellevar, ambos recorren en solitario las estaciones de su particular vía crucis.

Como cómplices silenciosos de Minier, cerebro del crimen, a lo largo de las 571 páginas que integran la trama asistimos a la recuperación, a fuerza de oficio, del Comandante Servaz, a quien únicamente su vocación de sabueso logra arrancar de las garras de la desesperación más absoluta, y al descenso al abismo de la hermosa y competente Christine.

Una lectura inquietante por esa atmosfera opresiva y aterradora tan lograda.

Una lectura entretenida por la capacidad de Minier para jugar con nosotros al ratón y al gato mientras, con sus trampas y numerosas pistas falsas, nos empuja a formular hipótesis tras hipótesis para, encantado, desmontárnoslas cada vez.

Una lectura adictiva por el misterio, los personajes complejos y las dosis de sangre y violencia justa para atrapar a los aficionados al género.

Una lectura instructiva porque no solo muestra los peligros de la manipulación y el hostigamiento sino lo fácil que resulta, gracias a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, practicarlos hoy en día.

Una lectura comprometida porque es un hombre quien aborda, de manera seria, documentada y empática, la tan extendida, común y tristemente aceptada violencia contra las mujeres que convierte la vida de aquellas que la sufren en el argumento de una novela negra, demostrando que, efectivamente, la realidad supera a la ficción.

Compruébenlo ustedes mismos.

Esto es ficción: “Finalmente, en el seno de la pareja, el acosador conocía perfectamente a su víctima, sus debilidades y sus fallos, lo que le daba una ventaja considerable (…) Se aterrorizaba a la pareja por medio de agresiones indirectas, contra los animales o los hijos; se la aislaba de sus antiguos amigos, de sus padres; se minaban sus defensas de manera metódica (…) Mantenida en un clima de tensión y angustia permanentes, la víctima no sabía nunca dónde ni cuándo iba a producirse el próximo ataque. El maltratador presentaba una doble cara: sonriente, afable y simpático fuera; inestable, temible y despreciativo en el secreto del hogar… hasta tal punto que era ella la que acababa por parecer arisca y asocial a los ojos de los demás”.

Esto NO: “La agresión que, tras la denuncia presentada por su pareja, había sido etiquetada inicialmente como un robo con violencia, posteriormente fue calificada por los investigadores como “homicidio intentado”.

Mientras la víctima, golpeada brutalmente en la cabeza con un martillo, permanecía en el hospital recuperándose, la Guardia Civil, tras exponer los indicios que apuntaban a su pareja como principal sospechoso, pidió medidas de protección para la mujer que fueron denegadas por la jueza. Tampoco lograron autorización para intervenir el teléfono del hombre.

Los agentes de Policía Judicial de la Guardia Civil permanecieron en el centro, de paisano, durante el tiempo que la víctima estuvo en la Unidad de Reanimación donde, al estar sometido a vigilancia permanente y con horarios de visitas restringidos, permaneció más tiempo de lo habitual por ser el lugar donde podía estar más segura. Trataban de ganar tiempo a la espera de que la jueza cambiará de opinión, interviniera el Ministerio Fiscal o, incluso, que se pudiera reconducir el asunto en un momento en el que la decisión dependiera de la guardia de otro juez más receptivo con las peticiones policiales.

Cuando el traslado a planta resultó inevitable, se la instaló en una de las habitaciones más próximas al puesto de control. Cuanto más personal sanitario hubiera cerca más protegida estaría frente a una nueva agresión que la Guardia Civil veía muy posible. La inesperada infección de la paciente con quien compartía habitación, por el riesgo elevado de contagio al tener la víctima una herida abierta, provocó su traslado preventivo a otra. Aunque la nueva habitación quedaba más lejos del puesto de control tenía como compañera a una persona que, al estar plenamente consciente, ante una situación de peligro podría dar la alarma.

No sirvió de nada. El hombre fue rápido y esta vez no falló: el viernes, 8 de mayo, la mujer murió apuñalada a manos de su pareja”.

Aunque les ocurra como a mí, que adivine una parte importante de lo que iba a pasar, cuando lleguen a la última página, y por fin puedan apagar la luz, sentirán deleite y pesar a partes iguales.

Ese regusto amargo que te dejan las historias de sangre y muerte cuando están bien contadas.

No apagues la luz

Bernard Minier
Trad.: M. Dolors Gallart Iglesias
Salamandra Black

Puedes seguirnos en Google+, Twitter y Facebook


Un comentario en ““No apagues la luz”, de Bernard Minier, por Teresa Suárez

  1. Pingback: Reseña: “Vestido de novia”, de Pierre Lemaitre | Revista Calibre .38

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s