Reseña: “El santo al cielo”, de Carlos Ortega Vilas

santoRicardo Bosque

Mi última lectura del año, apurando ya los últimos días de diciembre, constituye toda una alegría: descubrir a un extraordinario escritor de quien no sabía nada y, con él, una novela que, sin duda, quedará en mi particular lista de 2016 como una de las tres mejores del año.

Se trata de El santo al cielo, primera novela larga de Carlos Ortega Vilas, que lo borda de principio a fin en una historia de casi 600 páginas tras haber pasado por el mundo del relato y la novela corta. Una novela que, de entrada, no sabe uno si calificar de policíaca -por sus dos protagonistas masculinos, el inspector de policía Aldo Monteiro y el teniente de la Guardia Civil Julio Mataró-, de puritito noir facción crook storie -por la protagonista femenina, Silvia Manzanares, y el entorno en que, para su desgracia, se ve obligada a moverse- o de thriller como la copa de un pino -porque lo es, con un ritmo endiablado que no da descanso al lector en ningún momento-, así que prefiero etiquetarla simplemente como criminal y que cada lector, una vez la haya degustado, la incluya en la familia que estime oportuno.

Poco o nada diré de la trama, pues uno de los puntos fuertes de la novela es el disfrute que produce en el lector ir descubriendo a cada página nuevos frentes, nuevos matices de la historia, revelaciones que echan por tierra todo lo averiguado anteriormente o ratifica a los investigadores -al inspector fundamentalmente, predispuesto desde el principio a aceptar una única verdad-, giros brutales pero plenamente justificables, nada forzados o truculentos sino dentro de lo estrictamente posible. Y ello partiendo del hecho de que el lector siempre irá por delante de los policías encargados de resolver el caso y ya desde las primeras páginas conocerá la identidad de asesinado y asesino, si bien le quedará todo un mundo por descubrir y lo hará de la mano del autor, que irá revelando cómo y cuándo lo estime conveniente -con gran destreza, por cierto- cada una de las sorpresas que se guarda en la manga para desesperación de los protagonistas y disfrute del propio lector.

Organizada en capítulos más bien cortos, que dotan de mayor ritmo si cabe a la historia, el autor da muestras de una absoluta limpieza literaria, con una ausencia total de lo superfluo así como de molestos adverbios y adjetivos innecesarios, con lo que consigue lo que parece un milagro en estos tiempos que corren: que no sobre una sola de las páginas de una novela tan extensa como esta.

Esa limpieza, esa sobriedad y contención se refleja también en la manera de describir a los personajes, extraordinariamente perfilados con cuatro pinceladas -por sus hechos les conoceréis- sin necesidad de contar con pelos y señales qué comen, qué leen, qué música escuchan, con quién se relacionan y cuál es su pasado. A pesar de ello, Aldo, Julio y Silvia -el trío que soporta el peso de la novela, apoyados por una extensa e interesante galería de secundarios- terminan siendo como de la familia, poco a poco irá el lector conociendo sus intimidades, sus logros y sus miserias, comprendiendo su idiosincrasia y, lo más importante -y en algunos casos, sorprendente- empatizando con ellos.

Si a todo lo anterior añadimos una fantástica labor editorial -no recuerdo haber observado ni una sola errata en toda la novela, otra rareza en estos tiempos en los que muchos editores ni están ni se les espera- obtenemos como resultado una novela que raya la perfección, un excelente thriller -tal vez sea definitivamente el género que predomina- que cuenta, además, con una TSNR -tensión sexual no resuelta- entre algunos de sus personajes para deleite de quienes busquen conceder a sus vidas una dosis de morbillo curiosón sin necesidad de pasar por Telecinco. Por si fuera poco, y para colmo de mi alegría, la novela finaliza con lo que parece el principio de una gran amistad -o lo que surja- entre los protagonistas, por lo que abrigo cierta esperanza de que esta novela sea el comienzo de una gran serie. Cualidades no le faltan.

 

El santo al cielo
Carlos Ortega Vilas
Dos Bigotes
 

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2 comentarios en “Reseña: “El santo al cielo”, de Carlos Ortega Vilas

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