Cine: “Jackie”

cartel-jackieTeresa Suárez

La película narra cómo una mujer (esposa, madre y personaje público) vivió los días inmediatamente posteriores a la violenta muerte de su marido.

Todo comienza con un asesinato, pero no uno cualquiera sino uno que, dada la importancia de la víctima por su cargo y poder político, tiene nombre propio: MAGNICIDIO.

John Fitzgerald Kennedy, trigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos (tomó posesión de su cargo el 21 de enero de 1961), inició en 1963, de cara a su reelección, una gira por el país que lo llevó a Dallas, la tercera ciudad más grande, después de Houston y San Antonio, ¿de qué Estado…? Pues sí, ¡del jodido Texas otra vez!

No estaba allí por casualidad: era la zona que más se oponía a su reelección. A su llegada fue recibido con carteles que anunciaban: Se busca. Dado que el diminutivo de John es Jack, dicha frase puede que recuerde a más de uno aquel famoso anuncio en el que una señorita llegaba en una potente moto, se quitaba el casco y, tras bajar la cremallera de su apretado mono de cuero rojo, pronunciaba aquello de “Busco a un hombre llamado Jacqs” que a punto estuvo de colapsar el Registro Civil con tanto candidato dispuesto a cambiar de nombre. Pero en los carteles que los dalasitas mucho menos amistosos, dedicaron al Jack americano lo único que aparecía era su rostro, de frente y de perfil, como si se tratara de un delincuente a quien hubieran puesto precio a su cabeza (y debió de ser alto porque se la reventaron de varios balazos cuando recorría las calles en un coche descubierto). “Texas, la tierra de los locos”, exclama Jackie en la película.

Atentados aparte, además de JFK, el único demócrata, otros tres presidentes americanos fueron asesinados: Abraham Lincoln en 1865, James Abraham Garfield en 1881 y William McKinley en 1901.

En Estados Unidos, el país de las armas, convertirte en “asesino de”, si eliges bien a la víctima (Martin Luther King, John Lennon o Versace) y el Estado donde ejerces el oficio (que no esté vigente la pena de muerte), te garantiza techo y comida para el resto de tus días y es una forma, tan válida como cualquier otra, de conseguir esos quince minutos de fama a los que, según Warhol, todos tenemos derecho. No lo digo yo sino la historia.

Si tu personalidad narcisista te empuja hacia objetivos más altos, como presidentes del país más poderoso del mundo, los minutos de fama aumentarán en tu particular cuenta corriente, sí, pero también las posibilidades de que no llegues vivo a prisión, tal y como pudo comprobar Lee Harvey Oswald quien, dos días después de ser detenido por el asesinato de Kennedy, mientras era trasladado a la cárcel del condado, recibió varios disparos de Jack Ruby (¡otro que se subió al carro mediático!) que acabaron con su vida.

Según el informe de la Comisión Warren (establecida el 29 de noviembre de 1963 por el presidente Lyndon B. Johnson para investigar el asesinato de Kennedy), se realizaron 3 disparos (la misma bala que hirió al presidente en el cuello hirió al gobernador Connally) desde una ventana del sexto piso del Texas School Book Depository; los disparos fueron hechos por Lee Harvey Oswald que actuó solo; Jack Ruby asesinó a Oswald sin apoyo de nadie de la policía, aunque se criticó la actuación de dicho cuerpo al proceder al traslado del acusado a la vista del público lo que facilitó el resultado posterior; ningún agente del gobierno estuvo involucrado en conspiración alguna respecto de los hechos investigados.

Para tener tan claro que fue un acto individual, llama la atención que en el informe Warren aparezca la palabra CONSPIRACIÓN en varias ocasiones, negando su existencia sí, pero ahí está.

Tal vez por eso, el asesinato de Kennedy se sigue considerando uno de los grandes misterios sin resolver.

Como testigo principal del crimen, Jackie (esposa, madre y primera dama), con su Chanel rosa manchado de sangre y restos de los sesos de su marido esparcidos en pelo y manos, decidió mostrarle al mundo su dolor:”No lo querían, pues que vean lo que han hecho”.

Con el espectáculo del funeral, que montó pese a la furibunda oposición de la CIA, logró un doble propósito. Primero humanizo a la familia presidencial y su dolor, tan igual al de cualquier otra familia. Después consiguió que JFK (con un mandato de apenas dos años) pasara a la posteridad como uno de los Presidentes más famosos de la historia.

Ella se convirtió en icono de estilo, él en leyenda.

Jackie, de Pablo Larraín, se resume en una interpretación de Oscar (¡Natalie Portman está esplendida!) en una película pelín aburrida.

Ahora, como siempre, ustedes deciden.

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2 comentarios en “Cine: “Jackie”

  1. La Película es un pelín lenta, pero Natalie Portman logra convencer con su actuación – ahora el personaje Jackie mostrado por Larrain el director – es en mi juicio repelente, bueno es mi opinión. Gracias por comentar acerca de esta película

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