Policías de serie: no siempre armadas, pero siempre peligrosas

Teresa Suárez

¿Decidimos nuestro destino? ¿Elegimos qué sentir, que ignorar, con quien solazarnos? ¿Somos lo que queremos, lo que podemos o simplemente lo que nos dejan? ¿Qué nos define como mujeres?

Vivimos en una sociedad patriarcal donde los condicionamientos fisiológicos, cánones de belleza, roles sociales y estereotipos de género, actuales y heredados, forman un entramado tan enmarañado que a poco que una reflexione advierte la dificultad que entraña responder esas preguntas.

A lo largo de la historia las mujeres han sido encuadradas en modelos (compuestos de una parte aplicable en cualquier cultura y otra que adopta diferentes matices según lo que cada sociedad quiere imponer en un momento concreto) que han constreñido su existencia.

Como ésta es una revista dedicada a lo negro y criminal, trocharé por los principales arquetipos femeninos con la colaboración de mis policías favoritas. ¿Me acompañan?

Allison Dubois: la MADRE

Gracias a sus poderes extrasensoriales (leer la mente, predecir el futuro y hablar con los muertos), Allison Dubois (Patricia Arquette, la sexual Alabama de la violenta Amor a quemarropa, dirigida por Tony Scott y guion de Quentin Tarantino, una de mis pelis favoritas), ama de casa, esposa y madre de tres hijas, empieza a trabajar con Manuel Devalos, Fiscal de Phoenix, y el detective Lee Scanlon en la resolución de crímenes complejos.

Allison proporciona amor, protección y sustento espiritual a propios y extraños, por más que éstos vengan del otro mundo. Generosa e inclinada a escuchar y aconsejar, aunque anhela acabar sus estudios de Derecho y consolidar su puesto laboral, sus decisiones y deseos siempre están subordinados a las necesidades de sus seres queridos.

Durante las siete temporadas, la empática y emocional Allison, madre y Médium a tiempo completo y trabajadora a tiempo parcial, se las ve y se las desea para conciliar su vida profesional con la atención que le exige su prole y un marido cuyo absorbente trabajo le deja poco tiempo para corresponsabilizarse de tareas del hogar y cuidados paternofiliales.

Es una mujer que se olvida de cuidarse a sí misma y, tan perceptiva para otros, ignora que en su interior se esconde una chiquilla necesitada de atención.

Vera: la HIJA

A la inspectora Vera Stanhop (estupenda Brenda Blethyne) de la Policía de Northumberland, cerca de Escocia, con sobrepeso y edad indefinida, le importa un pito su aspecto. Zarrapatrosa, iracunda, desordenada, glotona y cabezota, se gasta un genio endiablado que consigue mantener a raya cualquier intento de contacto humano, del que huye como de la peste, salvo cuando se trata del sargento Joe Ashworth, mano derecha y confidente (“Es que detesto que me mimen. Pues tiene suerte solo su sargento se atreve a hacerlo”).

Huérfana de madre (murió en el parto), la relación con el padre marcó su niñez. A los siete años ya estaba al mando del hogar. Privada de una infancia de inocencia y juego, se escondió tras una coraza que la protege del exterior e impide que su fragilidad interior la empuje a buscar padres y madres en cada persona que conoce.

De mal comer (patatas fritas, sopa de sobre o comida china), peor beber (whisky y cerveza siempre que puede) y un olfato de sabueso que para sí quisieran los lores ingleses aficionados a la caza del zorro con perros, se enfrenta a los delincuentes con decisión y un corrosivo sentido del humor, su mejor arma.

Por decisión propia, Vera ha renunciado a lo que se espera de ella como integrante del bloque femenino. No es madre, ni esposa, ni amante, ni ama de casa y, si nos atenemos a los exigencias estéticas que se empeñan en definirnos, tampoco una mujer en sentido estricto. Salvo la condición de hija, que no se puede sacudir porque la define, la inspectora Stanhop (inspirada en las novelas de la escritora británica Ann Cleeves) es, ante todo y sobre todo, una obsesa del trabajo.

Brenda: la ESPOSA

Cuando desde su Atlanta natal se trasladó a Los Angeles, la Subjefa Johnson (Kyra Sedgwick) no empezó con buen pie en el Grupo Especial de Homicidios. Es lo que suele pasar cuando te ascienden por encima de compañeros más veteranos, la mayoría hombres, que, por si fuera poco, acaban enterándose de que mantuviste una aventura en el pasado con el jefe (desconocer que estaba casado no cuenta como atenuante).

Pero la Subjefa, al igual que antes hiciera su paisana Katie Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, puso a Dios por testigo y juró que nunca volvería a pasar vergüenza delante de los inspectores bajo su mando. Y lo logró. Porque si algo se le da bien a la irresistible Brenda Leigh en The Closer (persona encargada de cerrar un caso), con su gran capacidad de contención y esa enorme sonrisa que desconcierta al oponente, es decir siempre la última palabra.

Instruida en el noble arte del interrogatorio por la CIA, domina toda clase de recursos para lograr que los acusados confiesen, habilidad ésta que consigue granjearle el respeto primero y el cariño después de todos sus compañeros.

Con un permanente “graciasss” en los labios y provisiones de dulces, que consume compulsivamente, repartidos por cajones varios y el enorme bolso que siempre le acompaña, la Subjefa Johnson es tan caótica en la esfera privada como metódica en la profesional.

Aunque adicta al trabajo, y con unos padres metijones que la incomodan en el papel de hija, Brenda ansía una vida personal plena. Jamás lo reconocería en voz alta, pero se siente incompleta sin pareja y, desde pequeña, sueña con el día de su boda como final feliz de su particular cuento de hadas.

Pese a su pánico al compromiso logrará la estabilidad emocional al lado del agente del FBI Fritz Howard quien, por compartir profesión y aspiraciones, será capaz de acompañar a esta policía tan dual (razonable y cabezota, vanidosa e insegura, fuerte y frágil, individualista y dependiente) sin intentar embridarla.

Stella: la MUJER

Con Stella Gibson, Comisaria de la Policía Metropolitana de Londres, llegó el escándalo.

Profesional de éxito, sobradamente preparada, fuerte, exigente y guapa a rabiar. Una auténtica triunfadora en un mundo androcéntrico.

Con su seguridad en sí misma y arrolladora personalidad, cuando la Comisaria Gibson aparece en un lugar, al igual que Julio César, “llega, ve y vence”. Su sola presencia cambia el orden establecido. Sin apenas parpadear, es capaz de ridiculizar las actitudes paternalistas de superiores ineptos, dejar claro a subordinados reticentes quien manda e insuflar valor y autoestima al resto de policías femeninas que soportan a diario ese machismo rancio y maloliente que, cuando se combate, se niega y disfraza de inocente chanza.

Esta moderna Afrodita, que posee un atractivo y magnetismo personal que engancha a hombres de todo tipo y condición, en la magnífica The Fall (desasosegante, realista, brutal, una de las mejores series que he visto en los últimos tiempos) es la cazadora. Pero no solo porque se traslada a Belfast para capturar a un violador y asesino en serie, un auténtico depredador sexual, sino porque observa, cerca y atrapa a los machos alfas con quienes decide aparearse. Sí aparearse, digo bien, porque Stella, que disfruta del amor físico abiertamente (por lo cual es tachada prácticamente de puta), algo que vuelve locos a los hombres, solo busca satisfacción sexual.

Ni madre, ni esposa, ni ama de casa. Los roles tradicionales femeninos ni le interesan ni se los plantea. Por su intelecto, convicciones y comportamiento, la Comisaria Stella Gibson representa un estadio superior en el que la mujer trabaja por vocación, convicción e independencia, practica el sexo por placer y valora, por encima de todo, su libertad… aunque eso suponga recorrer Un camino en solitario (título del último capítulo de una serie, tan impactante, tanto, que requiere más de un visionado).

Adivina, adivinanza, ¿cuál de ellas quiero ser de mayor?

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