Novela: «Las cenizas del Cóndor», de Fernando Butazzoni

cóndorSergio Torrijos Martínez

Lo primero que me gustaría comentar es sobre la naturaleza de los hechos que aparecen en la novela. Tales hechos, producidos durante un periodo muy determinado de tiempo en el cono sur de América, de sobra conocidos y que nos dejan un regusto muy poco deseable en el paladar y en el resto del cuerpo, así esta novela no es cómoda, ni fácil de leer, toda la lectura te va dejando mal cuerpo y es como el inicio de algo mucho peor.

La novela arranca en los comienzos de la dictadura de Pinochet y se sumerge en esa barbarie. No contento con ello, siguiendo la estela del llamado plan “Cóndor”, el autor traslada la acción a la vecina Argentina, en los estertores del peronismo y para no faltar en el menú nada a la vecina Uruguay. ¿Alguien da más?

Pues sí, hay más, mucho más, y durante esas setecientas páginas nos lo cuenta, de forma particular como una crónica novelada. Para ese propósito Butazzoni usa de tres personajes principales, una espía soviética que opera en Buenos Aires, Aurora Sánchez que es una muchacha que se ve envuelta en plena represión chilena e hilo conductor de toda la trama y un capitán del ejercito uruguayo. Este militar, Manuel Ocampo, es el personaje más interesante de la obra pues su papel de represor/salvador es interesantísimo, bien es cierto que Butazzoni no lo explota como tal, no se adentra en su psicología puesto que su propósito es mostrar de manera veraz hechos tremendos pero acercarlos al lector de forma novelada, algo más liviana. Ese personaje es como Schindler u otros personajes que en medio de la locura emergen como faros de humanidad, pero no es un alma pura ni mucho menos, de alguna forma es el mal y el bien sin que haya intermediarios.

Lo que espanta de la novela no es la brutalidad, sino la normalidad que se instala en ciertas sociedades y en ciertos gobiernos y se convierte en una política de estado y se hace con la normalidad más absoluta. En ese momento aparecen los torturadores, los asesinos, animales que surgen de pronto y cuya naturaleza más íntima asoma en momentos así, porque toda dictadura, del corte que sea, nunca tiene problemas para encontrar tipejos así, lo cual, no me lo discutan, es como que muy particular.

En mi ingenuidad siempre me pregunto, cómo se cría un torturador, de dónde salen semejantes personajes, pues esta novela ayuda a comprender parte de esas preguntas, aunque no todas.

La novela es tremenda, reconozco que me ha costado la lectura, es intensa y aunque parezca larga, se nota que el autor ha tenido contención, pues lo que cuenta daría para mucho más.

Para los que no lo sepan el famoso plan Cóndor, fue una operación que llevaron a cabo los norteamericanos en el cono sur de su continente, que consistió en el apoyo a las dictaduras, de derechas y de pocos escrúpulos, para combatir a las fuerzas “insurgentes” o de izquierdas, es decir todas aquellas que fueran en contra de los propios intereses norteamericanos y estos no dudaron en poner en el poder a verdaderos criminales. De ahí que la gente celebre el fin de Kissinger, verdadero ideólogo de semejante plan. Fue una exportación internacional de la tortura y el asesinato. Bien es cierto que ciertos personajes se mostraron verdaderamente entusiastas de esa lucha, por llamarlo de algún modo, pero nunca faltaron ayudantes a semejante carnicería. Las dictaduras se fueron extendiendo por todo el territorio con una ideología tan radical como la práctica del poder que ejercieron.

La obra es de lectura obligatoria, muestra realidades que no pueden ser soslayadas. Bien es cierto que es una lectura dura, complicada, pero que cuando terminas la novela comprendes que es una labor que ha merecido la pena. Mi recomendación más encendida.

Las cenizas del Cóndor

Fernando Butazzoni
Alfaguara

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