“No habrá más enemigo”, de Sergio del Molino, por José Luis Muñoz

José Luis Muñoz

La primera novela de Sergio del Molino (Madrid, 1979), finalista del premio Francisco Casavella, apunta maneras, aunque diste de ser una obra redonda. Quizá tampoco se lo plantee el autor. La novela, que tampoco estoy muy seguro de que lo sea, protagonizada por personajes que responden a los nombres de Lenin, León y Alejandra, está dividida en cuatro grandes partes (Lo de Lenin, Lo de León, Lo de Herbert y Lo de Sergio, el making off del propio autor, que tienen autonomía y son realmente novelas cortas o relatos largos cosidos de una forma más o menos caprichosa.

No habrá más enemigo empieza de forma fulgurante, aturde con su ruido y furia en sus primeras páginas (las de Lo de Lenin), es provocativa e incorrecta (La sangre se me congestionó en el cerebro. Me excité por arriba, pero no se me puso dura. Tenía tanta sangre en la cabeza y tan poca en la polla que temí provocarme una embolia); naturalista en sus descripciones (El ataúd está cerrado frente al altar. No sé si está cerrado por costumbre o porque en la funeraria no han sabido disimular la putrefacción del cuerpo. Imagino lo segundo. Miro el ataúd y veo a través de su tapa la carne casi verde desgajándose del hueso, cayendo de la cara y de los brazos cruzados sobre el vientre, manchando la tela blanca que acolcha el interior); tiene ritmo de thriller cruzado con novela de crudo sexo (Es solo una salpicadura que empieza a ennegrecer, un pegote frío y casi coagulado que ha saltado desde el cuello, desde el tajo sonriente que le cruza el cuello y que ha empapado la almohada y la mitad de la sábana de un rojo oscuro); enarbola la frase restallante y un estallido narrativo en sus primeras y notables páginas para irse desinflando a medida que avanza y perder la conexión narrativa. Si habláramos en términos de cine diríamos que a No habrá más enemigo le traiciona el guión, a pesar de sus imágenes impactantes, y adolece de un de crecendo que es letal para la novela.

Sergio del Molino es un muy buen escritor, aunque todavía no domine la técnica de la narrativa, y su opera prima es un experimento literario muy notable, a pesar de sus imperfecciones, quizá por eso. Abundan en la novela destellos de literatura reflexiva que brillan con luz propia.

La vida no tiene subrayados ni énfasis. No suena una banda sonora in crescendo, ni aparece un plano que se cierra sobre una mirada. Los personajes de las novelas y de las películas avanzan sobre rieles que el narrador ha colocado con precisión de ingeniero, pero en la vida rodamos sobre una superficie que solo a ratos distinguimos sobre la bruma.

Pero quizá lo que caracteriza a No habrá más enemigo es su caos intrínseco, que no tiene que ser forzosamente un defecto, porque mira que el caos ha ofrecido obras maestras: Bajo el volcán, sin ir más lejos. Sergio del Molino comparte con Lowry un punto de vista desquiciado y una prosa dipsómana y dolorosa. Porque de dolor va también esta novela imperfecta que dedica Sergio del Molino a su hijo Pablo que marchó antes de tiempo, precisamente cuando la redactaba.

 

No habrá más enemigos
Sergio del Molino
Tropo Editores

Un comentario en ““No habrá más enemigo”, de Sergio del Molino, por José Luis Muñoz

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