“Literatura del dolor, poética de la verdad”, de Eugenio Fuentes, por Alexis Ravelo

literatura del dolorAlexis Ravelo

Algo que ver con la muerte

Esta vez me voy a poner serio, porque a veces vale la pena reflexionar seriamente sobre aquello que hacemos, sobre por qué lo hacemos y sobre la dignidad final de nuestro trabajo. Quienes cultivamos el género nos enfrentamos casi cada día a la ignorancia académica, o a las miradas por encima del hombro de quienes ocultan sus propias limitaciones como autores de ficción estableciendo jerarquías entre géneros y desterrando a los niveles más bajos de su arbitrario escalafón a una orientación estética de valor indudable. De nada sirve decirles que ya André Gide, André Malraux o Luis Cernuda se interesaron por ella desde que apareció o que hasta algunas de sus vacas sagradas (Vargas Llosa, Carlos Fuentes) llegaron a cultivarlo.

Por eso son de agradecer textos que miren de frente a la Academia y vindiquen con legítimo orgullo un género tan amado por los lectores como denostado por algunos críticos y académicos que adolecen de miopía intelectual. Sobre todo si provienen de competentes autores de ficción que reflexionan sobre la disciplina desde su ejercicio. Por eso resulta una alegría Literatura del dolor, poética de la bondad, un brillante y sorprendentemente ameno ensayo de Eugenio Fuentes. El autor de Las manos del pianista hace en este libro una reivindicación del género como alta literatura, repasando la clasificación de los géneros literarios (coincido con su opinión de que esta cuestión necesita una profunda revisión crítica que la academia aún no ha llevado a cabo) y haciendo sus propias propuestas en un decálogo que merece lectura detenida y larga reflexión.

Para Fuentes, la tradición literaria puede dividirse en dos tipos de textos: el relato del dolor y la expresión del bienestar. Si en el primer tipo “el hombre narra su sufrimiento para no sucumbir a él, como el niño que en la oscuridad habla en alto para anular el silencio y fingir que no tiene miedo”, la que se denomina como “poética de la bondad” describe la “parcela de los buenos sentimientos y de las buenas intenciones”, y sin ella “una porción gigantesca de la vida humana quedaría en la penumbra”. Evidentemente, “el hombre no es un ángel ni un demonio, es una estación de tránsito entre Infierno y Paraíso”.

En la primera de estas dos perspectivas puede situarse al género negro, “género híbrido, hijo de la novela realista del XIX, que surge cuando a una historia propia de la literatura del dolor se le da una nueva vuelta de tuerca para complicarla con dos ingredientes característicos: el enigma y el daño”. En ocasiones, no es necesario que estén presentes estos dos elementos. El propio Fuentes aporta dos ejemplos: la ausencia de intencionalidad en Los crímenes de la rue Morgue o de enigma en El talento de Mr. Ripley. Y es que “una novela negra no solo pretende describir el dolor, también se pregunta por su causa y sus circunstancias”.

La segunda parte del libro está destinada al estudio de autores concretos (Chesterton, García Pavón, González Ledesma, Padura y Larsson) y a una reflexión final sobre la relación entre la novela negra y la gastronomía. Todo ello resulta muy interesante para el lector experto y didáctico para el neófito. Y, unido a lo que se dice en la primera, ejemplifica perfectamente los puntos de vista generales que Literatura del dolor, poética de la bondad plantea.

Pero me interesa mucho el decálogo que finaliza la primera parte, pues, a partir de su análisis del género, Fuentes aporta diez propuestas para la escritura de novela negra que, resumiendo brutalmente, podríamos exponer así:

1. No hacer concesiones al mercado del presente (no venderse a lo popular) pero tampoco “escribir para la posteridad” (pensando en un futuro lugar en el Parnaso).

2. Buscar que relato y personajes encajen y se iluminen mutuamente, haciendo que en el desenlace confluyan la verdad objetiva e incontrovertible de los hechos y la no menos indomable de los sentimientos y motivos implicados en ellos.

3. Procurar que la preocupación por el “quién” y por el “cómo” no impida indagar en los “porqués”.

4. Hacer que el relato surja de las pulsiones de los personajes, que estos no resulten fagocitados por la estructura del relato.

5. Que el artificio no se imponga sobre la coherencia narrativa, de modo que las historias narradas no se alejen de la realidad.

6. Incorporar cuando sea necesario las lecciones de la modernidad que nos ha legado el Siglo XX.

7. Intentar que la estructura se base en la interrelación entre todos sus elementos, y no en una mecánica sucesión de peripecias.

8. Despertar el interés, pero no la impaciencia del lector.

9. Buscar, más que el entretenimiento, el estremecimiento del lector.

10. Elevar la novela negra hasta las academias, apoyándose en méritos literarios, en peldaños forjados con palabras y en un riguroso cuestionamiento de los tópicos.

Algunas de estas propuestas laten ya en declaraciones, artículos y ensayos del propio Fuentes y de otros autores. Otras son inquietantemente novedosas. Incluso puede que con alguna de ellas no se coincida. Pero todas, viniendo de quien vienen, me parecen merecedoras de reflexión. Igual que me parece digno y necesario este ensayo con el que me encantaría golpear el afeitadísimo rostro de más de un académico.

@AlexisRavelo1

Literatura del dolor, poética de la verdad
Eugenio Fuentes
Editora Regional de Extremadura

2 comentarios en ““Literatura del dolor, poética de la verdad”, de Eugenio Fuentes, por Alexis Ravelo

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