“El buen alemán”, de Joseph Kanon, por Sergio Torrijos Martínez

el buen alemanSergio Torrijos Martínez

Novela muy reconocida a raíz de una película del mismo nombre, pero hay que dar gracias a que no se parece en nada a lo mostrado en el celuloide. Y quiero distinguir ambos aspectos porque, aunque en la película se asegure que está basada en el libro que reseñamos, apenas existen lazos o vínculos entre ambos: más bien se trata de tomar el tema del libro y hacer una reescritura libre, muy libre. Tremendamente libre.

El libro, la obra de Joseph Kanon, es una muy buena novela, eso para empezar. Sus personajes, su ambientación y su puesta en escena rondan el sobresaliente. Tiene fallos o defectos, muy cierto, pero la pulsión que existe en ella nos presenta a un escritor de poderosa pluma.

La ambientación es de tronío, pues nos traslada al Berlín de finales de la segunda guerra mundial, en el período muy concreto que va desde la rendición alemana a la japonesa. Justo durante la conferencia de Postdam. Berlín es una ciudad ocupada, saqueada, semidestruida y culpable de todo lo imaginable. En mitad de las ruinas se asienta lo que queda de los habitantes de la otrora deslumbrante ciudad, muchísimas mujeres, niños, ancianos y soldados de muy diferentes países. La descripción, el tratamiento de esa debacle humana es un punto muy fuerte en la novela, sencillamente se puede respirar el polvo de los edificios destrozados, el hedor de los cadáveres insepultos y ese afán que latía en los supervivientes por sobrevivir. Berlín como representación de una Europa destruida, no sólo física sino también moralmente.

Los personajes son periodistas, militares y supervivientes, casi exclusivamente mujeres, y nos muestran aspectos muy vivos de la prosa de Kanon. Son personajes complejos, con profundas heridas y que el escritor explota en beneficio propio. Se escruta el alma de ellos, desde la propia idiosincrasia del soldado que intenta regresar con los bolsillos llenos a su ciudad de origen hasta el periodista cuya mirada a la realidad está velada por licores variados, pasando por alguna alemana que ha visto y vivido demasiado. Probablemente la idea de la feminidad del autor va en contra de lo mostrado en la novela, donde los personajes femeninos son mucho más potentes que los masculinos, y esa misma potencia hace que el autor recule, un tanto, a una visión menos descarnada de lo que puede ser una mujer en una ciudad en ruinas y ocupada militarmente.

La puesta en escena es un bonito espectáculo resultado de mezclar géneros, un thriller que ronda la novela policíaca a la que suma elementos de novela de espionaje, tomando de esos géneros lo mejor de cada uno. Del thriller, la acción trepidante; de la novela policíaca, ese retrato de las pasiones humanas más bajas y también esa crítica mordaz sobre hechos más que censurables; y de la novela de espías, esos cambios de rumbo, esas verdades que esconden mentiras y que demuestran que todo se puede hacer a base de verdad o de amañar la realidad en beneficio propio.

Kanon critica, con verdadera mordacidad, la doble moral de sus propios compatriotas que en un momento dado dieron cobijo a científicos alemanes de muy dudoso pasado para conseguir una ventaja sobre sus entonces aliados y, con seguridad, cercanos rivales. Hechos históricos contrastados nos facilitan ver ahora la hipocresía del comportamiento de los americanos en aquel momento, y lo que nos muestra la novela, entre otras cosas, es una manera, un tanto burda, de intentar engañarse a sí mismos o conseguir hacer dos cosas contrapuestas y al mismo tiempo considerarse dignos.

Pero si el propósito de la novela es una crítica bestia a la moralidad americana también es una puesta de largo sobre lo que puede hacer el ser humano para sobrevivir y también sobre lo que puede ser un país que se ha traicionado y ha traicionado todos sus principios morales. No existen excusas para semejantes actos y Kanon no busca el perdón o una visión más contemplativa. En absoluto, es brutal desde el primer momento, dejando muy claro que se traspasaron demasiados límites.

La novela es de recomendación obligada, una lectura más que grata, con multitud de matices que son muy complicados de plasmar en tan poco espacio. Les advierto que la obra tiene muchas vueltas y que el interés, en lugar de decaer, va en aumento, fruto de una muy buena labor creativa del autor.

El buen alemán
Joseph Kanon
RBA

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