“Club La Sorbona”, de Luis Artigue, por José Luis Muñoz

club-la-sorbonaJosé Luis Muñoz

Lo he dicho varias veces, pero lo repito: el género humorístico, tanto en cine, teatro o literatura, es uno de los más complejos y delicados que existen, porque hacer reír a un espectador o lector requiere una conexión directa entre el emisor y el receptor que difícilmente se produce, y en eso del humor lo que hace gracia un día puede no hacerlo al día siguiente, o le que hace gracia a algunos puede no hacerlo a otros. Si la apreciación de las artes, y en especial la literatura, es tremendamente subjetiva, la del humor lo es más todavía.

Valga este inciso para recordar que en la literatura española pretérita hay escasos ejemplos de humor como no nos remontemos al Siglo de Oro con los impagables poemas satíricos de Quevedo, o el anónimo Lazarillo de Tormes, o incluso pasajes del Quijote, y que más recientemente hay algunos autores patrios cuyas lecturas nos siguen produciendo francas sonrisas como Wenceleslao Fernández Flórez, Enrique Jardiel Poncela o Pedro Muñoz Seca, todos ellos coetáneos, por cierto, y que si nos remetimos al rabioso presente el nombre del bilbaíno Juan Bas, con su humor cruel y descacharrante, es todo un referente muy valioso a tener en cuenta cuando precisemos de una ración de risoterapia.

El escritor Luis Artigue (León, 1974), con tres obras anteriores en su haber, El viajero se ha ido, como es lógico (2002), Las perlas del loco Ventura (2007) y La mujer de nadie (2008), nos sorprende con un artefacto literario, Club La Sorbona, que German Gullón define como una novela negra, psicológica y de alterne.

Extraordinariamente bien escrita, ingeniosa, juguetona, esta delirante narración que Artigue ubica en Violincia, urbe famosa por sus burdeles, y el Club La Sorbona es el más afamado de ellos, sigue las pesquisas de un investigador británico, Mr. Tatel, que intentará recuperar la flauta pipa que le fue robada al compositor Mozart, pero la intriga le sirve como excusa a Artigue para hacer desfilar ante el lector una variedad de personajes estrambóticos que viven, aman o son asesinados a un ritmo sincopado en Violincia y adentrarle en una laberíntica sucesión de subtramas.

¿Tanto virtuosismo literario para hacer reír? Pues sí, y bienvenido sea. El escritor leonés concibe la literatura como un juego y lo lleva hasta las últimas consecuencias, hasta ese epílogo, añadido sin permiso del autor, que es el broche de oro de esta irreverente novela con la que Luis Artigue ha ganado el premio Miguel Delibes de narrativa.

Artigue se ríe de todos y de todo, y de sí mismo, por supuesto, y de Club La Sorbona. Miel sobre hojuelas.

Club La Sorbona
Luis Artigue
Alianza Editorial

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