“Capitán Phillips”, por José Luis Muñoz

cppJosé Luis Muñoz

El director de algunas de las más exitosas entregas de la saga Bourne vuelve al cine casi documental en donde, en mi opinión, brilla con más intensidad su talento, a ese rigor en plasmar la realidad que demostró en dos de sus mejores películas, Blooody Sunday, sobre la matanza del ejército inglés en el Ulster el 30 de enero de 1972, el film por el que fue reconocido a nivel internacional, y United 93, una apabullante y tensa reconstrucción del secuestro y derribo del cuarto avión del 11S, el que debía estrellarse contra la Casa Blanca y fue desviado de su objetivo gracias a la resistencia de sus pasajeros.

Con Capitán Phillips, basada en hechos reales, Paul Greengrass vuelve a la temática de secuestros, en este caso el de un navío, el Maerks Alabama, un enorme carguero capitaneado por Richard Phillips (Tom Hanks), un marino muy alejado del estereotipo de lobo de mar y héroe, que fue el primer barco norteamericano asaltado por piratas frente a la costa de Somalia, y relata de forma pormenorizada lo que fue esa odisea marina.

Tanto en Capitán Phillips, como en United 93, sabe el espectador cuál es el desenlace, sin que esta circunstancia merme los valores de ambos filmes, pero si en la reconstrucción del secuestro del avión de la United Paul Greengrass conseguía introducir al espectador en ese vuelo letal y lo llevaba a una tensión extrema, insoportable en sus últimos planos, en Capitán Phillips eso no se produce y el espectador termina desapegándose del drama que ve en pantalla a pesar de la espectacularidad de algunas de sus secuencias como la persecución de los esquifes y el asalto al buque por parte de los piratas, magníficamente rodadas, y a preguntarse cuándo se producirá el esperado desenlace de la historia.

Resulta muy encomiable, más propio de un director europeo que de un norteamericano, la ausencia absoluta de maniqueísmo por parte del británico Paul Greengrass, algo que ya advertía el espectador de United 93 en el tratamiento de los secuestradores de Al Qaeda, fanáticos algunos y otros con humanas dudas ante la inminencia de su sacrificio, y que en Capitán Phillips queda patente en el retrato de los cuatro famélicos y débiles piratas somalíes que se apoderan de ese gigante de los mares que es el Maerks Alabama, y no queda claro quiénes son los héroes de la función, precisamente porque Greengrass no carga las tintas sobre la crueldad de los secuestradores, tipos algo torpes que se alimentan exclusivamente de la droga que mascan, si el capitán Phillips, un tipo corriente obligado por las circunstancias a dar lo mejor de sí mismo, o los ingenuos somalíes que ven en la captura de ese gigante de los mares una forma de paliar su miseria endémica.

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Mucho se ha dicho sobre el supuesto de que Tom Hanks, un actor que crece con los años, se lleve de cabo el óscar a la mejor interpretación por esta película, pero yo abogo por Barkahd Abdi, Mahat M. Ali, Barkhad Abdirahman y Faysal Ahmed para el óscar al mejor secundario, porque los cuatro desconocidos actores somalíes consiguen que sus personajes Muse, Bilal, Najee y Elmi, los perdedores de esta historia, que son los de la Historia con mayúsculas, le roben con la naturalidad de sus interpretaciones protagonismo al capitán Phillips y a los musculosos tipos de los Navy Seals, los cazadores de humanos, que copan el último tercio de la película con sus preparativos cinegéticos. Personalmente me habría gustado que Greengrass hubiera ahondado más en la relación que se establece entre Phillips y Muse, unidos a su pesar por las circunstancias. Cuando Muse, el ingenuo pirata somalí, alardea ante su secuestrado de lo que obtendrá por su rescate, Phillips le baja al nivel terrenal poniendo ante sus ojos que lo que, hipotéticamente, pague su gobierno por su vida no irá a su bolsillo sino al del señor de la guerra del que es vasallo, es decir, que de todas formas será siempre un perdedor.

Y una duda moral. ¿Quiénes son los piratas? ¿Los miserables pescadores somalíes obligados por los señores de la guerra a asaltar barcos, poniendo en riesgo sus miserables vidas, o quiénes esquilman de pescado las costas de Somalia o depositan en el puerto de Mogadiscio toda la basura nuclear del planeta aprovechando el desgobierno de Somalia? Lástima que esa pregunta no se la haga Greengrass al espectador.

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