“La entrega”, por José Luis Muñoz

Cartel-de-La-entrega-The-dropJosé Luis Muñoz

El mestizaje en el cine, como en la literatura, da buenos resultados. Directores alemanes han filmado en Estados Unidos excelentes películas de género negro —Wim Wenders y El amigo americano, por ejemplo— y el cine norteamericano, desde los años cuarenta, se ha encargado de fagocitar a los mejores directores europeos —Fred Zinneman, Otto Preminger, Fritz Lang, Billy Wilder, etc.—. Algunos norteamericanos han desarrollado su carrera en Europa —Joseph Losey—, los menos, y otros sencillamente no tienen una adscripción nacional —Roman Polanski— y ruedan donde les parece.

La entrega la dirige el belga Michael R. Roskam (Flandes, 1972) con sólo dos películas en su haber —Bullhead, The Tiger— y es una película cien por cien norteamericana pese al origen europeo de su director. Basada en una novela policial de Dennis Lehane, la apuesta es segura sobre todo si se cuenta con interpretaciones como las Tom Hardy, soberbio como el camarero Bob Saginowski de oscurísimo pasado, Noomi Rapace, la punki de Millenium que ya ha conquistado Hollywood, como Nadia, una chica que tiene un novio, Eric Deeds (Matthias Schoenaerts), muy poco recomendable que va alardeando de sicario, y la última aparición en pantalla del grandioso James Gandolfini como el primo Marv, un tipo frustrado porque ha tenido que vender su bar de toda la vida a unos chechenos mafiosos. Todo gira en torno a un bar caja neoyorquino, el Bar de Marv —funciona como un banco 24 horas en el que los mafiosos depositan los sobres del dinero de las apuestas— que es una tapadera de una peligrosa banda chechena.

Violencia áspera, personajes de una ambigüedad moral absoluta y un giro final de los que cortan el aliento, y brazos y piernas, son algunas de las virtudes de este noir absoluto rodado con buen pulso y que no deja un momento de respiro al espectador. Nadie es lo que parece en La entrega y en nadie se puede confiar; no hay personajes rectos y de una sola pieza —salvo ese cachorro de pitbull que adopta el protagonista y es, en cierto modo, el desencadenante de la trama posterior—, en este film negro sino mafiosos de distinto calibre, pero todos letales.  El secreto de este film negro canónico se llama guión, guión y guión, escrito por el propio novelista Dennis Lehane (Mystic River, Shutter Island); personajes de los que inquietan nada más aparecer en el cuadro —los siniestros chechenos— y oír cómo susurran sus amenazas y buenas y creíbles interpretaciones, desde el protagonista Tom Hardy (atención a cómo mete en la nevera, envasado al vacío, un brazo amputado y el comentario socarrón de James Gandolfini cuando lo ve actuar con tanta naturalidad) al detective hispano Torres interpretado por John Ortiz y con el que coincide en misa cada domingo el oscuro camarero.

La entrega atrapa desde el inicio con esa voz en off que nos sitúa en un barrio poco recomendable de Nueva York, y no nos suelta hasta el final sorpresivo. Sabe dosificar Michael R. Roskam la violencia —ese brazo cortado entre billetes ensangrentados que dejan junto al bar; los chechenos que llevan a su víctima torturada en el interior de su furgoneta como publicidad de sus métodos expeditivos de actuación— y consigue que ésta esté siempre flotando amenazadora en el ambiente. Una película redonda y sin fisuras que nos retrotrae a las mejores películas de género negro de los años cincuenta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s