¿La primera mujer detective de ficción española?, por José Javier Abasolo

José Javier Abasolo

Antes de entrar en materia me veo obligado a hacer una pequeña aclaración. Que el título de este artículo aparezca entre interrogantes no se debe a que tenga miedo a quitarle ese honor a la Bárbara Arenas de Lourdes Ortiz, o a la joven Celia protagonista de un par de novelas de la donostiarra Soledad Núñez, ni siquiera a la que más ha penetrado en nuestro imaginario criminal de ficción, la inspectora Petra Delicado, salida de la pluma de Alicia Giménez-Bartlett, sino a que se me ha generado una duda real sobre si, efectivamente, el personaje del que voy a hablar puede ser considerada la primera, o al menos una de las primeras, mujeres detectives españolas.

Pero recapitulemos antes de seguir y pongámonos en situación. Nos encontramos en pleno verano, en una casa alquilada de una gran ciudad que sirve de refugio a un grupo de atracadores, un grupo variopinto compuesto por varios hombres de diversas edades (entre los treinta y los sesenta y cinco años), caracteres y orígenes, y una mujer joven y atractiva, de unos veinticinco años. Acaban de asaltar una joyería en una ciudad lejana y esperan la llegada de su jefe, que dará salida a la mercancía obtenida y, posiblemente, les explicará los nuevos golpes que está ideando su mente criminal. Pero pese a que el atraco ha salido perfectamente, como estaba planeado, de repente les surge un problema: uno de los miembros del grupo cae enfermo. Afortunadamente se trata de una enfermedad natural, no de una herida producida por un disparo de bala, lo que resultaría mucho más sospechoso y comprometido; aún así, y sin muchas ganas, no tendrán más remedio que recurrir a una enfermera profesional para que le cuide, asumiendo el riesgo de que alguien ajeno al grupo de atracadores estará permanentemente junto a ellos, lo que les obligará a extremar las precauciones y producirá fuertes tensiones en el interior del propio grupo.

melocoton en alnivar big

Escena de una de las múltiples representaciones de la obra de Mihura

Así explicado parece que nos encontramos ante una película clásica de género negro, que podría haber sido dirigida por William Wyler, Howard Hawks o John Huston y cuyos protagonistas podrían atender a los anglosajones nombres de Humphrey Bogart, Edward G. Robinson, Robert Mitchum, Veronica Lake o Lauren Bacall, pero en realidad no estamos ante un clásico del cine “noir”, sino ante una obra de teatro, los escenarios no se sitúan en Nueva York, Los Ángeles, Chicago o un cayo de Florida, en los gloriosos años 40, sino que la trama sucede en Madrid, en el verano del año 1958, los atracadores responden a los castizos nombres de Cosme, Federico, Carlos o Suárez y la vampiresa clásica no es Brigid O’Shaugnessy sino una honesta tanguista llamada Nuria. Y por supuesto la detective, porque siempre tiene que haber un o una detective, no es la cuñada de Phillip Marlowe o la hermana pequeña de Sam Spade, sino que se llama María. O mejor dicho, Sor María. Y es que estamos hablando de Melocotón en almíbar, la encantadora y deliciosa obra de teatro de Miguel Mihura.

Nunca he sido partidario de buscar antecedentes forzados a la novela criminal española, prácticamente inexistente hasta la Transición, pero eso no significa que no haya habido islas o, incluso, obras literarias que quizás, en otras condiciones culturales y políticas podrían haber sido el germen de una literatura negra propia. Por poner un solo ejemplo, La colmena de Camilo Cela, no es ni de lejos una novela negra, pero sus protagonistas, sus escenarios, las situaciones que describe, sí que son propias del mejor género negro que en su misma época se estaba escribiendo en los Estados Unidos y Europa.

Miguel_Mihura_26814_opt

Miguel Mihura

Una vez puesta la venda antes de la herida, para evitar que se me critique justificadamente por considerar Melocotón en almíbar un antecedente de nuestro género policial, volvamos a su autor, Miguel Mihura, y a su protagonista, Sor María. Mihura fue un autor teatral que pese a que ideológicamente era conservador y apoyó al llamado “bando nacional” en la guerra civil, no lo fue tanto en su teatro (Tres sombreros de copa, por ejemplo, que puede adscribirse al llamado teatro del absurdo, tardó incluso veinte años en estrenarse) e incluso en su rechazo a los convencionalismos sociales. No fue, y sería absurdo decirlo, un autor de temática policial ni, mucho menos, negra, sin embargo algunas de sus obras demuestran, al menos, un conocimiento de ciertas normas, o quizás tan sólo tópicos, del género. Y Melocotón en almíbar es una muestra simultánea de su destreza como autor teatral, por una parte, y también, por otra, de su conocimiento de esas normas o tópicos del género policial clásico.

Porque Sor María, que es una monja que no tiene nada que ver con las de clausura, sino más bien todo lo contrario, ya que es abierta, expansiva y dicharachera, e incluso, por qué no admitirlo, un poco coñazo, es también una auténtica detective de novela anglosajona, perspicaz y entrometida, una Miss Marple con toca y acento madrileño. Y es que pese a sus continuas protestas acerca de que lo único que le interesa es velar por la salud del enfermo al que está cuidando así como por el bienestar de los ancianos albergados en la residencia regentada por su comunidad, no puede evitar el ir adivinando, con destreza sherlockiana, lo que está ocurriendo a su alrededor.

Gracias a ello, del modo más natural posible, es capaz de averiguar, entre otras cosas, en qué lugar de Madrid se están reuniendo los atracadores, que quienes fingen ser matrimonio no están casados o que quizás el enfermo, el pobrecito enfermo, haya estado recientemente en Burgos (localidad donde, “casualmente”, se produjo el asalto a la joyería), lo que pone extremadamente nerviosos a los atracadores. Incluso, también “casualmente”, por supuesto, encuentra la pistola usada en el atraco y los guantes con los que uno de los asaltantes participó en el mismo, para no dejar huellas. Pero no se precipita en sacar conclusiones, eso no, ella es tan sólo una sierva de Dios que confía en la bondad del ser humano. Aunque eso sí, a veces ve cosas muy raras…

Melocotón-en-almíbar.Cuarta-Pared.-26-de-febrero

Compañía de teatro “La Cuarta Pared” y los personajes de “Melocotón en almíbar”

Estaríamos, por tanto (y siempre aceptando el juego de “extremar” al máximo las coincidencias con los diversos subgéneros criminales), entre una comedia detectivesca al modo holmesiano y un thriller psicológico, ya que el lector o espectador sabe desde el primer momento quiénes son los culpables y lo que nos muestra la obra, precisamente, es cómo se van poniendo nerviosos y desmoronando los criminales ante las agudas observaciones y deducciones de la detective protagonista. ¿O quizás sería más correcto decir, de la monja protagonista?

Por eso vuelvo a la pregunta-título del artículo. ¿Es exagerado considerar a Sor María, la protagonista de Melocotón en almíbar, como la primera mujer detective de ficción de España? Quizás para los puristas del género sea una pregunta impertinente e incluso absurda, lo admito, pero la verdad es que en cada ocasión que releo la obra de Mihura, aparte de disfrutar y sonreír mientras dura la lectura, no puedo dejar de pensar que Sor María hubiese sido una dura rival de Sherlock Holmes en una hipotética competición detectivesca.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s