“Breaking Bad”, por Teresa Suárez

Teresa Suárez

 
Cuando escuché al aprendiz de astrónomo,
cuando las pruebas, las figuras, se ordenaron en columnas delante de mí,
cuando me mostraron los gráficos y los diagramas, para sumar, dividir y medirlos,
cuando yo, sentado, escuché al astrónomo
cuando leyó entre tantos aplausos en el salón de lecturas.
 
Qué pronto, inexplicablemente, me harté,
hasta levantarme e irme, vagando a solas por ahí,
en el místico y húmedo aire nocturno y, de vez en cuando,
miré hacia arriba en silencio total a las estrellas
 

Hojas de hierbas, Walt Whitman

 

Sin pantalones, solo un mandil negro sobre los calzoncillos, nada eróticos por cierto, zapatos y calcetines y la sufrida camisa verde. Esas son las señas de identidad de Walter White, W.W. iniciales que jugaran un papel muy importante en el desarrollo de la trama. La autocaravana en la que da sus primeros pasos como delincuente, su coche color crema (un todocamino marca Pontiac, feo a rabiar pero duro como él solo) al que, después de tantos sinsabores juntos, abandona por otro más acorde con su nueva condición de narcotraficante, la máscara de gas y el desierto, completan el puzzle que nos narra la vida de Walt. Al coche acabará uniendo el sombrero negro y olé.

WALTER EN CALZONCILLOS

¿Por qué un químico adopta para su carrera criminal el nombre de Heisenberg, uno de los padres de la física cuántica? Sin duda porque formuló el Principio de incertidumbre (el acto mismo de observar cambia lo que se está observando) que parece dominar toda su existencia. Walt no es el mismo cuando se siente observado y su mente, que viaja a una gran velocidad, le hace adaptar su comportamiento, sus palabras, incluso su manera de vestir, a los ojos de la persona que lo está mirando en cada momento. Es capaz de mimetizarse con el entorno y resultar siempre creíble diga lo que diga.

A medida que Walter iba “a peor” los millones de seguidores de la serie nos enganchábamos más y más como si estuviéramos consumiendo su famosa meta azul. Sin embargo esas cinco temporadas, que hemos devorado con tanto deleite, no han llegado a producirnos sobredosis, ¡por algo la pureza del producto que fabrica Heisenberg roza el 100%!

A esta sana adicción han contribuido numerosos ingredientes. El inicio de cada capítulo, antes de los títulos de crédito, con escenas repletas de símbolos que te suelen acompañar durante cada temporada y que no descifras hasta el final de la misma. Un sentido del humor acido y bastante macabro. Una violencia y salvajismo imbricado de tal manera en la historia que te conmociona cuando aparece y que se desvanece tan rápido como había llegado. La banda sonora entre la que destacan Los Cuates de Sinaola y su Negro y azul, negro por la ropa y el sombrero de Heisenberg y azul por su meta (Breaking Bad – Los Cuates De Sinaloa – Negro Y Azul: The Ba). Pero lo mejor, sin duda alguna, son los personajes tan bien presentados y desarrollados que hoy los quieres y mañana los odias.

Pontiac-Aztek-Walter-White

Un profesor de química, anodino, poco respetado por sus alumnos, su familia, sus conocidos, al cumplir los cincuenta recibe la noticia de que padece cáncer. Sometiéndose a ciertos tratamientos médicos, que no se puede costear
(la sanidad estadounidense no es apta para todos los bolsillos), podría prolongar su vida algunos años.

A partir de ese momento la palabra PRESIÓN parece grabarse a fuego en su frente: presión por una enfermedad que le pone fecha de caducidad; presión de su familia que le tilda de desconsiderado y egoísta si se opone a recibir el tratamiento para combatirla; presión económica por el precio que el mismo supone; angustia existencial al ver pasar su vida ante sus ojos y no encontrar nada que le confirme que ha sabido aprovecharla sino todo lo contrario. Cuando ya se encuentra al borde del abismo, de la desesperación, el ofrecimiento de unos generosos amigos millonarios, gracias a que le robaron no solo sus ideas sino hasta el nombre de la empresa, le hace rebelarse contra el mundo y tomar una decisión, producir metanfetamina, que le llevará por un camino sin retorno.

Así nos introducimos en la doble vida del Sr. White, a ratos entregado padre y devoto esposo, otros cruel y frío narcotraficante. Para mí lo mejor de la serie es que deja patente que esa dualidad del alma no es exclusiva de Walt/Heisenberg. De hecho, mis discusiones más encendidas sobre la misma se debían a diferencia de opiniones con otros seguidores que intentaban convencerme de que Walter era un monstruo sin sentimientos, algo con lo que yo no estaba de acuerdo.

Él elige una opción y a partir de ahí asume sus consecuencias en solitario puesto que nadie sabe de su doble vida. Su desconocimiento del mundo criminal le hace creer que puede fabricar droga y venderla sin verse involucrado en otros tipos de delitos. Con su primer asesinato, Loco 8, toma conciencia de golpe de que ya no hay vuelta atrás. Y sí, empeora. Cada vez es más cruel, más frío, más sanguinario, pero nunca llega a perder esa parte de persona normal, de buena persona, que ni en cien años hubiera creído posible que un día haría lo que acaba haciendo. Y paga por sus delitos: sufre el rechazo de su familia, el odio de Jesse Pinkman, a quien considera un hijo, la persecución del cartel, de Gustavo Fring, mucho peor que el cartel, y de la D.E.A. con su cuñado al frente.

autocaravana

Mientras él desarrolla su carrera criminal, las buenas personas que le rodean viven su correcta vida realizando acciones que ponen de manifiesto la hipocresía reinante. Skyler, su mujer, cruel hasta la saciedad con Walt, le pone los cuernos con un tío que ni siquiera le gusta, comete fraude fiscal por él y, cuando éste se niega a pagar su deuda con Hacienda con él dinero que ella le presta, y que Walt ha ganado vendiendo droga, no duda en contratar a dos matones para que le convenzan de que debe liquidar dicha deuda. En el transcurso de esa conversación lo dejan paralítico. Pero ella es una buena mujer.

Marie la hermana de Skyler, cleptómana, a quien su marido tiene que sacar de más de un entuerto, crítica y dura con su cuñado, no duda en aceptar el dinero, que supuestamente ha obtenido de su adicción al juego, para pagar el tratamiento de su marido Hunk, agente de la DEA. Éste último, quien siempre ha considerado a Walt un pobre pusilánime, cuando descubre que el inteligente criminal a quien lleva tanto tiempo persiguiendo es su cuñado, olvida los lazos familiares y se dedica, con rabia y encono desmedidos, a darle caza sin ningún tipo de concesión. Walt no lo haría. Walt no lo hace.

Entre mis capítulos favoritos destacan aquel en el que Jessie tiene que ir a asustar a la pareja de drogadictos que le roban mercancía a él y a Walt en los inicios de su carrera criminal; el intento de asesinato de Hunk, hacha incluida, por parte de los sobrinos de Héctor Salamanca; la muerte de Gus Fring, cual Terminator, y los cinco últimos capítulos de la quinta temporada.

Sin duda alguna, es una serie que todo aficionado a lo negro y criminal debe ver.

¡Es fantástica!

 

3 comentarios en ““Breaking Bad”, por Teresa Suárez

  1. Excelente reseña de una extraordinaria serie. W.W. puede ser cualquiera de nosotros, es el anti-héroe perfecto.

    • Gracias por vuestras palabras. De ellas deduzco que os apasionó tanto como a mi. Espero que sirvan para que quien no la haya visto aún lo haga sin tardanza.

      ¡Es fantástica!

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