El misterio de “El misterio de Notting Hill”

Juan Mari Barasorda

Alba Editorial publicó en 2015 El misterio de Notting Hill, decisión compartida por muchas editoriales extranjeras a partir de 2012 desde la publicación en la prensa internacional de una investigación bibliófila que revelaba a su durante muchos años desconocido autor a la vez que calificaba la novela como la primera novela policial de la historia. Realmente fue una imperdonable omisión de este lector no haber traído a Calibre .38 el análisis de aquella novela policial primigenia y la investigación de una autoría distinta a la hoy día aceptada por el mundo editorial. Intentare corregir aquella omisión.

Son muchos los artículos de bibliófilos y aficionados a la novela policial que han debatido sobre cuál fue la primera novela policial. Incluso en Calibre .38 hemos publicado dos artículos con el título de El origen de la novela policial. De forma mayoritaria entre los aficionados a la novela de detectives decimonónica se evita la calificación como novela policial de la newgate novel, basada en la historia de los criminales que acababan sus días en la prisión de Newgate y la sensation novel o novela sensacionalista victoriana con sus turbias pasiones, su estructura melodramática y su inteligente combinación de misterio y terror para atraer al lector victoriano. La dama de blanco de Wilkie Collins fue un referente de la sensation novel y sin embargo fue una novela posterior de Wilkie Collins (La piedra lunar, 1868) la que durante muchos años fue calificada como la primera novela policial. T.S. Elliot o Dorothy L. Sayers la exaltaron como la primera y mejor novela policial. Solo disputó tal titulo la primera novela de Lecoq, el policía de la sureté francesa escrita por Emile Gaboriau en 1865… hasta que Julian Symons escritor e investigador de la novela policial defendió en 1972 The Notting Hill Mystery como la primera novela policial a la vez que la calificaba como “una fascinante historial criminal”. En su magistral Bloody murder, Symons aun la calificaba como anónima, lo que añadía un mayor atractivo a su misterio. En 2011, el New York Times público un artículo con el título El caso del primer novelista de misterio y una entrevista al académico Paul Collins. En la columna literaria del Manchester Times del 14 de Mayo de 1864 se identificaba el anónimo “Charles Félix” como autor de una novela que se acababa de publicar (Velvet Lawn) como el propietario de la editorial Saunders & Otley y fue esa editorial la que publicó, en forma de novela, El misterio de Notting Hill tres años después de que se hubiera publicado por capítulos en un semanario. Collins destacada que en 1865 la novela la firmaba Charles Félix, por lo que Charles Félix era Charles Warren Adams, el propietario de Saunders & Otley, por lo que era este el autor de El misterio de Notting Hill. La primera afirmación no tiene discusión, pero el cuanto a la segunda este lector formula su total discrepancia basándose en una serie de evidencias que formulara a continuación.

El misterio de Notting Hill fue publicado en forma de serial a lo largo de ocho entregas entre noviembre de 1862 y febrero de 1863 en el semanario Once a week, un semanario dirigido por Samuel Lucas que rivalizaba en lectores con el semanario All the year round de Charles Dickens. Alba Editorial ha publicado El misterio de Notting Hill como una novela de Charles Warren Adams (1833-1903) conforme se propone en la introducción de Mike Ashley, prologuista asimismo de la edición inglesa, en la que recoge las investigaciones del bibliófilo Paul Collins. Todas las reediciones de The Notting Hill Mystery publicadas desde 2012 reiteran a Charles Warren Adams como el autor de la novela, Wikipedia incluida. El argumentarlo de Collins, un académico americano amante de la investigación detectivesca y poseedor del blog The literary detective, excelente persona con la que este lector ha tenido el placer de intercambiar comentarios sobre su investigación, es inmaculado salvo por un detalle: en la edición de 1865 no aparece como autor –con el típico “By”– Charles Felix , sino que aparece “Compiled by Charles Felix”, un término con un significado en el mundo literario inglés: o bien se aplica a las antologías o bien a una obra completada desde la propia editorial y que, como consecuencia de ello, pasa a ser propietaria de los derechos de la obra. Dicho esto y sin dudar en que Charles Félix fue un seudónimo utilizado por el editor C. W. Adams, ¿cabe pensar en otra autoría distinta (o una autoría compartida) en El misterio de Notting Hill?

El misterio de Notting Hill fue editada con las ilustraciones del mejor ilustrador de la época, George du Maurier (el autor de Trilby, otra novela de hipnotismo), lo que suponía una fuerte apuesta de Samuel Lucas, el editor de Once a week, lógica para apoyar a un escritor consagrado. Analicemos el criminal e innovador contenido de la obra: Londres, la esposa del barón R., investigador alquímico experto en hipnosis, muere envenenada tras haber caminado sonámbula hasta laboratorio de su marido y beber de una botella que contiene ácido prúsico. Un desgraciado accidente que, sin embargo, levanta las sospechas del investigador de una compañía de seguros, Ralph Henderson, ya que el barón había contratado cinco pólizas de seguro de vida para Madame R. No existe una narración ni en tercera ni en primera persona, sino que el lector deberá sumergirse en el dossier que ha elaborado Henderson y es precisamente en esa lectura cuando nos introducimos en una intriga que, siendo típicamente victoriana y heredando elementos de exitosas novelas anteriores como La dama de blanco, resulta ,a la postre, una ingente tarea detectivesca para descubrir al autor de un crimen (en realidad descubriremos hasta tres).

La ¿novela? es un relato epistolar en su totalidad (cartas, declaraciones de testigos, memorándums, informes médicos, citas de revistas especializadas…) en el que se revela una historia de mesmerismo, de hipnotismo, de sonambulismo, de adivinación, de conexión entre dos hermanas gemelas donde una tendrá los síntomas de un envenenamiento cuando la realmente envenenada es su gemela. Una historia que requiere conocimientos expertos y en la que se citan incluso artículos de revistas especializadas, en concreto uno de 1854 publicado en The Zoist (A journal of cerebral psichology & mesmerism) dirigido por John Elliotson, un periódico para estudiosos que había desaparecido para 1855. La narración identifica a protagonistas con iniciales (Madame R., Baron R., miss B.) creando una obra singular distinta de lo escrito hasta entonces, una obra en la se adivina una pluma con experiencia y la personalidad de un escritor que conoce con suficiencia todos y cada uno de los temas cercanos al mundo de lo sobrenatural y de la investigación científica a la vez que se van entrelazando, como un puzzle, a lo largo del dossier. Termina sin revelar pruebas definitivas y mostrando una serie de “evidencias circunstanciales”, un final tal vez insospechado en una novela de detectives a modo de “Conclusión” de todos los papeles investigados. Una obra sin duda compleja y extraña que en nada concuerda con la escasa producción literaria de Charles Warren Adams

En 1862, C. W. Adams tenía 29 años –21 cuando se editaba The Zoist– y no había escrito novela alguna y ni entonces, ni en el resto de su vida, tuvo relación alguna con el mesmerismo, el hipnotismo o la adivinación, ni nada que tuviera que ver con los fenómenos sobrenaturales, la alquimia, la farmacia o la ciencia. Sus otras dos únicas novelas –Velvet Lawn (1864) y Ram Dass (1875)– contienen una historia criminal, sí, pero sin usar el formato epistolar ni aproximarse al perfil literario del anónimo autor de El misterio de Notting Hill .

La publicación anónima no era extraña en la era victoriana. En 1841 se publicó también de forma anónima una exitosa novela criminal meses antes de que Edgar Allan Poe publicara su primigenio relato protagonizado por Auguste Dupin (Los asesinatos de la calle Morgue). La novela referida puede recibir con justicia el apelativo de novela “de detectives” aunque el lector la encontrará identificada en enciclopedias como “novela gótica”.

Susan Hopley, subtitulada Evidencia circunstancial –primera vez que fue utilizado dicho termino en una novela–, fue escrita en 1841 por Catherine Crowe (1790-1872). Fue la primera novela de una carrera literaria que comienza e desarrollar Edimburgo a partir de la separación de su marido en 1838 y fue el primer éxito de una novela de detectives (en la novela hay hasta cinco, aficionados todos ellos, tres mujeres y dos hombres) investigando hechos criminales, siguiendo pistas y haciendo deducciones, conformando una trama compleja en la que destaca la figura de Susan Hopley, una sirviente convertida en detective aficionada. Susan Hopley se publicó de forma anónima cosechando un éxito sin precedentes y fue convertida también en obra teatral de éxito no reportando beneficio ni fama alguna a su autora, una mujer increíble, brillante literariamente, amiga de Dickens y su círculo literario, que llegó a una fama no buscada a través de otras obras de factura sobrenatural y relatos de fantasmas. Susan Hopley es por algunos estudiosos citada como la primera novela policial, pero Mrs. Crowe fue reconocida sin embargo por una obra literaria mucho más compleja y personal. En Edimburgo, Catherine Crowe se convierte en amiga de Thomas de Quincey, autor de El asesinato considerado como una de las bellas artes, de los hermanos Chambers, editores de Chamber’s Edimburgh Journal, y de Samuel Brown, químico y alquimista (autor de estudios sobre venenos como el ácido prúsico). En su casa de Edimburgo albergo un círculo literario en el que conoció a Hans Christian Andersen, a Ralph Waldo Emerson, escritor y filósofo, a Charlotte Bronte y a Charles Dickens.

Tras el gran éxito de Susan Hopley –no reconocido hasta años después al publicarse de forma anónima–, Catherine Crowe publica en 1843 Men and Women, su segunda novela criminal publicada también anónimamente, un título por el que no se adivina su contenido: un crimen sin resolver, el de sir John Eastlake, tres sospechosos y una investigación por una detective aficionada, además de un policía, un bow street runner –“the sagacious mr. Scroggs”– en una investigación en la que es necesaria una prueba balística para descubrir al asesino, un argumento utilizado en la germana Der Kaliber, publicada en 1829.

En su segunda novela criminal –¿detectivesca?–, el Examiner (16-12-1843) reconoce “una trama construida de forma maravillosa… una sucesión de personajes construidos para lograr la detección del criminal”. Podía haber sido el inicio de una carrera literaria dedicada a la novela de detectives, pero Catherine Crowe se volcó en la investigación de fenómenos sobrenaturales. Su amigo Charles Dickens la consideró creadora de “una de las mejores colecciones de historias de fantasmas jamás escrita”. En 1845 traduce la obra del médico y espiritista alemán Justinus Kerner (The seeres of Prevost) relatando practicas sobre inducción al sonambulismo. Se centra en la investigación del mesmerismo, el hipnotismo, la telepatía y la adivinación. En 1846 publica la primera historia de licantropía (The story of a weir-wolf) y en 1848 escribe The night side of nature, donde relata historias de fantasmas y de “muertos vivientes “–por efectos del mesmerismo– como en El extraño caso del Señor Valdemar de E. A. Poe. En 1849 publica Lycanthropy. Se codea y trabaja con los más reputados psíquicos como el doctor Elliotson, editor de The Zoist, y después con el Barón Von Reichenbach, químico y experto en mesmerismo. En su obra The night side of nature escribió sobre los vínculos entre gemelos relatando el caso de una gemela que mostraba síntomas de asfixia mientras su hermana gemela estaba siendo asfixiada realmente. En 1854 recorre desnuda las calles de Edimburgo en lo que puede ser el inicio de una enfermedad mental y su caso será relatado en The Zoist en un artículo que leyó miss Crowe, quien se defendió aludiendo a un problema de salud. Es internada bajo supervisión médica pero se recupera y vuelve a escribir. En Light and Darkness, Crowe dedicó un estudio a los criminales y a la naturaleza del crimen, sin duda un tema que fascinaba a Mrs. Crowe: historias de envenenadoras (Frasu Gottfried, Madame Ursinus o Margaret Zwanziger) o de asesinos como Frances Bertrand en el relato The Lycanthropist. En Ghost and family legends (1859) se atrevió con una nueva fórmula narrativa: la epistolar. Incorpora cartas a una narración en la que los destinatarios de las misivas y los protagonistas se identifican con la inicial de su apellido (mr. Mc.N., madame L., mrs.G, Major R., Lord C.), una fórmula que ya utilizaba habitualmente en sus relatos, y los remitentes utilizan despedidas ceremoniosas como ”Your most obedient servant” que volveremos a encontrar en The Notting Hill Mystery. En 1860 comienza a colaborar con Once a week, de su amigo Samuel Lucas, con una historia serializada y hasta 1862 publica dos cuentos infantiles. En 1862, y para hacer frente a sus penurias económicas, vende los derechos de autor de toda su obra. Desde 1863 –contaba ya 73 años– no consta publicación alguna de Catherine Crowe hasta su muerte. Se sabe que en 1865 paso una larga temporada de reposo en un hotel de Dieppe, el lugar de la costa de Francia a donde le gustaba acudir largas temporadas y en donde coincidía con Mrs. Elizabeth Gaskell , la gran dama de la sensation novel.

Catherine Crowe desaparece de Londres en 1865 y también a primeros de 1865 muere Samuel Lucas, el único que conocía la identidad del autor de El misterio de Notting Hill, junto con el editor de Saunders & Otley, claro, es decir el joven abogado C. W. Adams, quien también había colaborado en los últimos años con Samuel Lucas tal y como consta en el registro de pagos del semanario. Y es en 1865 cuando se publica como novela El misterio de Notting Hill “Compilada por Charles Félix”. El lector acude al texto en ingles de The Notting Hil Mystery en busca de más pistas que le permitan aportar alguna “evidencia circunstancial” –como diría Catherine Crowe– a su teoría, aunque las ya expuestas comienzan sin duda a crear la citada evidencia.

El editor de Once a week avisa con la publicación del primer capítulo que el serial tendrá “siete u ocho entregas” y que “requerirá atención seguir el punto de vista del compilador”. Parece como si el relato al inicio de su publicación estuviera inacabado. El lector avanza en él encontrando las iniciales que tanto gustaba utilizar Mrs. Crowe como el Baron R., un experto en hipnotismo y mesmerismo que nos hace recordar al Barón Von Reichenbach amigo de miss Crowe. Otros nombres recuerdan también a amigos y amigas de miss Crowe, una escritora que se incorporó a sí misma como personaje en uno de sus relatos: Charlotte Brown recuerda a su amiga Charlotte Bronte y a su también amigo el medico y alquimista escoces Samuel Brown; Ralph Henderson a Ralph Waldo Emerson, escritor filósofo y naturista y también amigo de Mrs. Crowe… incluso Charles Andrews también evoca a Charles W. Adams. Más evidencias: treinta y seis veces es usado el término evidencia en Susan Hopley y cincuenta en The Notting Hill Mystery, unas estadísticas que no encontramos en ninguna novela de la época. Términos latinos como modus operandi y franceses como connoisseur son utilizados en ambas novelas. Crowe, una mujer que dominó el latín, el alemán y el francés.

El lector tiene una sospecha que puede intentar demostrar solo con evidencias circunstanciales. Imagina a una anciana Catherine Crowe con 72 años colaborando con su amigo Samuel Lucas en lo que él cree puede ser una novela de detectives que atraiga al público como lo atrajo Susan Hopley cuando fue publicada por Saunders & Otley, a quienes propone publicarla tras su publicación en Once a week. Confia a Gerad du Maurier las ilustraciones porque sabe que miss Crowe aún puede crear una investigación magnifica, una trama singular. Lucas conoce al joven abogado que trabaja en Saunders & Otley, que podrá completar la parte legal de la novela. Miss Crowe vuelca sus vivencias y su mente creadora de sospechas y evidencias, de pistas e investigaciones y comienza a escribir. La novela está casi terminada, pero Mrs. Crowe enferma de nuevo. Es el joven Adams quien escribe el último capítulo: la conclusión, una suerte de recopilación de las evidencias expuestas en los siete primeros capítulos. Catherine Crowe necesita descansar y se va Dieppe, donde se sabe que vivió varios años en un hotel. Nunca más volverá a escribir. Samuel Lucas fallece inesperadamente y con él su visión editorial: la creación de un género, la novela de detectives. Adams se encuentra en 1865 a cargo de una editorial con problemas económicos y decide reeditar en forma de novela el serial publicado en Once a week como proponía Lucas y, por respeto a miss Crowe, en lugar de firmar la novela utiliza un tímido “Compiled by Charles Felix”. Lo sé, no es más que una conjetura basada en evidencias circunstanciales, pero creo firmemente en la autoría de Catherine Crowe, una mujer de 72 años escribiendo su última obra para poder vivir con dignidad sus últimos años (“escribo por el dinero y no por la fama” dijo a un editor), y cuanto más leo El misterio de Notting Hill y las obras en ingles de Catherine Crowe más convencido estoy de percibir su pluma en cada párrafo que habla de mesmerismo, hipnotismo, envenenamiento y conexión entre dos hermanas gemelas y mayor es mi esperanza de que algún día las reediciones de El misterio de Notting Hill atribuyan cuando menos su coautoría a esta gran mujer, pionera de la novela de detectives.

Este artículo es un agradecimiento a Alba editorial por la publicación de El misterio de Notting Hill y un homenaje a una escritora fantástica –por su obra y por su mente creadora e imaginativa– de la que únicamente se encuentran publicados en castellano dos relatos cortos además de, por supuesto y siempre bajo el modesto criterio de este lector, El misterio de Notting Hill, aunque esta última afirmación no sea más que el resultado de una “evidencia circunstancial”.

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3 comentarios en “El misterio de “El misterio de Notting Hill”

  1. Esperaba este artículo de investigación (mucho más que una reseña) desde que intercambiaramos comentarios en mi post el año pasado https://goo.gl/jbHMUj y una vez más hay que quitarse el sombrero no solo ante tanta erudición sinó además por la forma tan clara que tienes de explicarlo todo. No solo aportas datos sobre la autoría sino que ofreces aspectos que permiten un análisis de la obra tan exhaustivo que haces que la lectura esté bonificada.
    Gracias!

    • Que placer verte por Calibre Jordi!! Te acordabas!!Te prometi publicar mi investigacion sobre la autoria de El Misterio de Notting Hill!!! No se si la argumentacion esta clara porque aun hay mas pistas literarias…pero no hay que aburrir. Yo lei The Notting Hill Myatery en ingles hace ya varias años. He leido ” The night side of nature” de Catherine Crowe y mi convencimiento es absoluto: todo su trabajo y todas sus investigaciones estan incluidas en The Notting Hill Mystery…. No solo fue una mujer pionera en la novela de detectives sino tambien en la novela sobrenatural ( fue la primera autora en utilizar el termino “poltergeist” ) y estoy intentando crear un trabajo centrado en toda la obra de Catherine Crowe , pero tengo que viajar a Inglaterra si quiero completar mi documentacion. Un abrazo fuerte y gracias por la visita.

  2. Muchas gracias por este artículo, estoy de acuerdo con “Interrobang” (Jordi, según lo llamas) en el sentido de que es más que una reseña. Leí hace ya tiempo, antes de que la editorial Alba publicara “El misterio…”, un artículo que se refería a él. No recuerdo donde fue, puede que fuera en alguna revista de poca tirada, de esas “alternativas” que enseñan muchas más cosas que otras no alternativas.
    No soy ningún especialista del género, ni mucho menos, en todo caso me acerco a él y me alejo de él como el Guadiana se asoma y se esconde de la superficie. Por lo tanto no soy quien para contradecir a especialistas como Julian Simons, pero si la novela se publicó por entregas en 1862, me parece que la novela del anarquista William Godwin, “Las aventuras de Caleb Williams”, que yo, repito, ningún especialista, la incluyo dentro del género policíaco, se publicó en 1794 (puedes leer una reseña en Calibre 38:https://revistacalibre38.com/2017/04/03/resena-las-aventuras-de-caleb-williams-de-william-godwin/), mucho antes, más de sesenta años.
    Con todo sería una bobada entrar en si fue antes o después, si es del género o no, lo importante es que llega, a pesar de lo que dices respecto a la omisión, siempre a tiempo para conocer y leer la novela de Warren Adams. Así que es de agradecer tu esfuerzo.

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